Este listado de artículos pertenece a «26 cosas dominicanas que explican quiénes somos (Edición enero)/febrero», una serie diaria que durante 26 días (estamos en el año 2026) examina las claves culturales que nos definen como dominicanos—tanto en la isla como en el exterior. A través de lo cotidiano, el lenguaje, la música, la comida, la fe y la memoria colectiva, cada entrega analiza una «cosa dominicana»: qué es, por qué nos importa y cómo la vivimos aquí y allá.
El Mangú
El mangú es plátano verde hervido y majado hasta lograr textura cremosa, bañado con cebolla morada salteada en aceite y vinagre. Aunque reina en el desayuno, aparece también en la cena o a cualquier hora «cuando lo que hay es plátano y ganas».
La versión emblemática son los tres golpes: huevo frito, queso frito y salami dominicano—ese salami rosado, suave y gordito que al freírse gana costra y sabor. Algunas manos lo enharinan antes de la sartén para añadir crujiente; otras lo sustituyen con longaniza o, en la costa, con pescado frito.
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El Colmado
El colmado es una institución social no formal que opera en espacios reducidos con impacto comunitario amplio. Comercializa productos básicos—arroz, aceite, bebidas—pero también ofrece crédito informal, intercambio social y acceso a información local. Funciona como punto de encuentro multigeneracional donde conviven niños comprando helados, adultos pagando servicios públicos en efectivo y personas mayores analizando acontecimientos cotidianos.
Opera sin horarios fijos ni procedimientos estandarizados. Abre según las necesidades del barrio y cierra cuando termina la última interacción. Esta flexibilidad responde a dinámicas comunitarias reales en lugar de protocolos corporativos. El mostrador establece una división física entre comerciante y cliente que paradójicamente facilita la confianza recíproca.
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Morir Soñnado
Morir soñando es una bebida fría dominicana hecha con jugo de naranja, leche, azúcar de caña y hielo picado. A veces lleva vainilla; muchos hogares usan leche evaporada. Algunas versiones sustituyen la naranja por limón o chinola. No existe receta única ni origen documentado con precisión. Existe, en cambio, memoria compartida.
Su nombre —«morir soñando»— no describe la receta; describe la experiencia. El contraste entre acidez y cremosidad desafía la lógica culinaria, pero produce un resultado equilibrado, refrescante y sorprendentemente suave. Observadores externos lo comparan con un Creamsicle derretido. Para los dominicanos, esa comparación es incompleta: no capta el clima, la mesa ni el momento.
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Vaina
«Vaina» constituye probablemente el término más versátil del español dominicano. No identifica objetos específicos sino que reemplaza cualquier referente: cosas, situaciones, problemas, emociones, eventos o personas. Su tono varía desde neutro hasta cargado de ironía, frustración o cariño. Funciona similarmente a «cosa», pero con mayor intensidad expresiva y amplitud semántica.
Etimológicamente, «vaina» deriva del latín vagina: funda, envoltura, cáscara. La Real Academia Española mantiene estos significados originales: vaina de arma, cáscara de leguminosa, envoltura orgánica. En el Caribe—particularmente en República Dominicana—esta noción de contenedor evolucionó hacia un comodín lingüístico universal. Una envoltura verbal para cualquier significado cuando el hablante opta por no especificar o no requiere precisión.
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El Concon
El concón es la capa de arroz dorado y crujiente adherida al fondo del caldero tras la cocción. Se raspa con cuchara y tradicionalmente se acompaña con habichuelas y salsa de carne. Aunque otros países caribeños conocen variantes como «pegao» o «cucayo», en República Dominicana el concón posee identidad propia y prestigio gastronómico distintivo.
Desde la antropología alimentaria, el concón trasciende lo meramente culinario. Representa una práctica cultural que sintetiza historia, dinámicas sociales, resistencia y ingenio popular. Aunque ausente de la alta cocina formal, ocupa un espacio privilegiado en la memoria colectiva dominicana.
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La Navidad más larga
La Navidad dominicana no llega con calendario. Llega con sonido. Tradicionalmente comienza a finales de octubre, cuando empiezan a escucharse los himnos inevitables: «Salsa pa’ tu lechón» de Johnny Ventura, «Volvió Juanita» de Milly, Jocelyn y Los Vecinos, «Dominicano ausente» de El Zafiro, «Llegó Navidad» de Jossie Esteban y la Patrulla 15, y, como columna vertebral de todo diciembre, los temas del Conjunto Quisqueya.
Para escuchar esos himnos navideños, hazle clic a nuestro: Esendom Top 10 Navideño
No es una fecha fija; es una temporada extendida. Los vientos más fuertes se sienten al iniciar diciembre, cuando todo —calles, casas, comercios— entra en modo navideño. Pero el espíritu ya venía gestándose desde antes. Aquí no se pregunta «¿cuándo es Navidad?»; se reconoce cuando ya empezó…
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Tiguere
El tíguere —no «tigre»— constituye uno de los términos más densos del español dominicano. Designa a una persona astuta, avispada, oportunista; alguien que sabe «caer parado» y «resolver» en circunstancias adversas. No se deja engañar ni pierde ventajas posibles.
Limitarlo a «vivo» o «tramposo» empobrece su alcance. Como plantea Lipe Collado en su ensayo fundacional El tíguere dominicano: hacia una aproximación de cómo son los dominicanos, el tíguere representa un tipo social, no simplemente un calificativo. Su significado varía según entonación, momento y contexto. Funciona como elogio, burla, advertencia o acusación.
Afirmar «ese tipo es un tíguere» puede indicar habilidad y efectividad… o peligrosidad. La expresión opera como barómetro moral…
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El Motoconcho
El motoconcho constituye un servicio de transporte informal sobre motocicleta que permite desplazamientos rápidos y económicos en República Dominicana. Opera sin aplicaciones, horarios fijos ni paradas oficiales: basta una señal manual. Cubre trayectos cortos y urgentes, atraviesa callejones, evita congestión vehicular y conecta puntos inaccesibles para el transporte público convencional.
Emergió durante los años ochenta como solución a una carencia concreta: la ausencia de un sistema de transporte suficiente, eficiente y accesible. Desde entonces se expandió por zonas rurales, barrios urbanos y áreas turísticas. Actualmente constituye un pilar del transporte informal dominicano. Se calcula que cientos de miles de personas dependen directa o indirectamente de esta actividad, que moviliza millones de pesos diariamente desde los campos más remotos donde antes se transportaba en caballo, burro y mulo, hasta los lugares más poblados del país como Santiago de los 30 Caballeros y Santo Domingo.
El motoconcho trasciende el transporte de pasajeros. También ejecuta encargos, entrega alimentos, transporta documentos y resuelve emergencias. Es velocidad transformada en ocupación…
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La Guagua
En República Dominicana, la guagua designa el autobús. Pero esta definición resulta insuficiente. La guagua constituye un servicio de transporte público urbano e interurbano, operado por el Estado, empresas privadas y sindicatos, que facilita el desplazamiento diario de millones de personas a costo accesible. Puede manifestarse como minibús saturado en avenidas de Santo Domingo, vehículo moderno climatizado hacia Santiago, o guagua provincial que atraviesa media isla sin interrupciones.
El término «guagua» deriva de una adaptación fonética del inglés wagon (vagón o carreta) y se utiliza en diversas zonas del Caribe, las Islas Canarias y Guinea Ecuatorial. En español dominicano, guagua funciona como sinónimo de autobús e integra el vocabulario cotidiano hasta el punto que «autobús» desaparece del habla común…
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La Virgen de la Altagracia
La Virgen de la Altagracia constituye la advocación mariana más importante de República Dominicana y es considerada madre protectora del pueblo dominicano. Su imagen—María inclinada en adoración ante el Niño Jesús en el pesebre—reside actualmente en la Basílica Catedral de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, inaugurada en 1971, aunque su presencia simbólica antecede considerablemente al edificio moderno.
La devoción llegó desde España, particularmente desde Extremadura, donde existían múltiples santuarios dedicados a esta Virgen desde los siglos VI o VII. Historiadores como Fernando Bravo y Bravo y Luis Gerónimo de Alcocer documentan que la imagen fue traída a la isla entre 1502 y 1507 por los hermanos Alonso y Antonio Trejo, colonos españoles asentados en Higüey. Otros autores, como Fray Cipriano de Utrera, sostienen que la imagen existía desde tiempos visigodos, reforzando la antigüedad del culto…
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Güira y Tambora
La tambora dominicana es un tambor de dos parches (dos caras) cuyo nombre deriva de «tambor». Tradicionalmente se fabricó con materiales disponibles—incluso barriles de ron reutilizados—y su ejecución se convirtió en lenguaje: un palito en una mano y la otra mano desnuda para controlar tonos, acentos y silencios. Quien la ejecuta es tamborero.
La güira es un raspador metálico (generalmente acero), cubierto de protuberancias o texturas que producen ese sonido «shhh-shhh» que no adorna: marca el paso. Se toca con cepillo rígido y, en la práctica, con cualquier herramienta funcional (hasta peine tipo afro-pick). Quien la ejecuta es güirero.
Juntas, tambora y güira forman el dúo base del ritmo dominicano: una golpea y conversa; la otra propulsa…
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Coro y Chercha
En República Dominicana, «coro» y «chercha» son palabras pequeñas con funciones sociales enormes.
«Coro» puede significar muchas cosas, pero en la calle raramente se refiere a grupo vocal formal. Aquí «coro» es juntarse, estar en grupo, hacer algo en confianza. «Armar un coro», «llegar al coro», «hazme coro» no hablan de música: hablan de acompañamiento, de presencia, de seguir la corriente. El coro es estructura mínima: dos o más personas con plan—aunque sea improvisado—para pasarla bien.
«Chercha», en cambio, es el estado al que se llega cuando el coro se sale de control. Es bulla, relajo, algarabía, conversación atravesada por risas, interrupciones y ruido. Su origen es revelador: una adaptación dominicana del inglés «church», asociada a los cultos afroamericanos cantados y rítmicos que se conocieron en Samaná en el siglo XIX. De ahí pasó a significar reunión ruidosa y alegre, primero con cantos, luego con cualquier forma de juerga…
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Dime a ver/Qué lo que
«Dime a ve»—o su versión más rápida, «dímelo»—constituye una de las expresiones más cotidianas del habla dominicana. No exige respuesta detallada ni pretende informe de vida: es forma de decir te vi, te reconozco, estamos en el mismo código. Algo similar ocurre con «¿Qué lo que?», también escrita y pronunciada como «ke lo ke» o «klk», contracción que acelera el idioma al paso del día.
Ambas expresiones cumplen función central: abrir conversación sin rigidez. Son saludos, pero también invitaciones implícitas. Decir «dime a ve» es crear espacio para que el otro decida cuánto quiere contar. Decir «¿qué lo que?» es tantear el ambiente: ver si todo fluye, si hay novedad, si hay ánimo.
No son equivalentes exactos de «¿cómo estás?». Son más flexibles, más dominicanas. Pueden significar todo bien, ¿qué hay?, ¿qué se mueve? o simplemente aquí estamos…
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Bregar y Resolver
En español dominicano, «bregar» y «resolver» trascienden su función verbal simple. Son herramientas lingüísticas que condensan filosofía práctica de vida. Aunque existen en el español general, en República Dominicana adquieren matices propios, cargados de contexto social, económico y cultural.
«Bregar» se utiliza para indicar que alguien está lidiando con algo: un trabajo, situación complicada, meta o incluso persona. Es verbo flexible, informal y profundamente contextual. Puede significar trabajar duro, intentar algo, manejar dificultad o incluso tramar acción, buena o mala, según el entorno donde se use.
«Resolver», por su parte, va un paso más allá. Resolver es lograr que algo funcione, encontrar salida, aunque no sea perfecta ni definitiva. No siempre implica legalidad, comodidad o elegancia; implica eficacia. Resolver es cerrar el ciclo que la brega abrió…
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Juan Pablo Duarte
Juan Pablo Duarte constituye la «cosa dominicana» que funciona como brújula moral e intelectual de la nación: el fundador que comprendió la independencia como algo más que expulsar poder externo. Duarte (1813–1876) fue organizador, educador, estratega político y creador de un programa republicano que buscaba nación con instituciones, ciudadanía y límites al poder. Por eso no basta decir «Padre de la Patria»; lo correcto es entenderlo como padre de una idea de país…
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Dique
En la República Dominicana, «dique» no es un muro ni un muelle. Es lenguaje vivo. Una palabra breve que se cuela en cuentos, chismes y relatos para marcar escepticismo. Viene del «dizque» del español antiguo, pero en el habla dominicana se comprimió, se volvió más rápida, más pícara, más útil.
«Dique» significa «supuestamente», «aparentemente», «dice que». Pero no se limita a traducir una duda: la dramatiza. Cuando alguien dice «Juan dique viene ahora», no está informando; está levantando una ceja. Está dejando claro que esa promesa tiene historial dudoso.
Es una palabra que protege al hablante. Permite contar algo sin hacerse responsable de su veracidad. Se usa cuando la información llega de oídas, cuando el hecho es incierto o cuando se quiere introducir una crítica suave, cargada de ironía…
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Aplatanado
«Aplatanado»—o «aplatanada»—es palabra del habla dominicana que nombra un proceso: volverse de aquí sin haber nacido aquí. Literalmente remite al plátano, pero culturalmente señala algo más profundo. Según uso dominicano, se dice de la persona extranjera que ha adoptado las costumbres del país, desde la comida hasta los códigos sociales. No se trata de imitación superficial, sino de adaptación real: gustos, ritmos, humor, referencias.
En el Diccionario de americanismos, la acepción dominicana es clara: persona extranjera que ha asumido prácticas locales. En otros países del Caribe la palabra puede cargar otros matices; en República Dominicana, el sentido dominante es positivo…
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Bachata
La bachata es género musical y baile que surgieron en República Dominicana a mediados del siglo XX. Su base instrumental—guitarras, bongó, güira y bajo—sostiene letras íntimas que hablan de amores rotos, anhelos, celos y resistencia cotidiana. Antes de llamarse bachata, el género fue conocido como «amargue», música de tristeza dulce, cantada con corazón herido pero firme.
En sus inicios, la bachata se tocaba con guitarra de nylon y maracas; con el tiempo incorporó cuerdas eléctricas, mayor velocidad rítmica y producción más sofisticada. Esa evolución permitió que el género dialogara con bolero, merengue y, más adelante, con sonidos urbanos y pop sin perder su esencia narrativa…
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Merengue
El merengue constituye el ritmo que mejor resume una idea dominicana: aquí el cuerpo entiende antes que la boca. Es música y baile, cierto, pero también sistema de señales compartidas. Su base rítmica suele avanzar en compás de 2/4, acelerada, insistente, diseñada para que el paso sea corto y continuo. Y aunque el merengue ha transformado su instrumentación y estética según época y clase social, hay dos elementos que casi nunca se negocian: la tambora (doble parche, golpe de mano y palo) y la güira (raspado metálico que marca el tiempo como metrópolis marcando horas).
Cuando la gente dice «merengue», frecuentemente piensa en el merengue típico (perico ripiao): acordeón, tambora y güira, con bajo y saxofón en versiones modernas. Pero el merengue es más antiguo que esa postal. Dado el recorrido histórico del Caribe y la disponibilidad de instrumentos, tiene lógica pensar que una de las primeras formas ampliamente practicadas fue el merengue de guitarra: cuerdas y percusión sencilla en patios, campos y espacios improvisados, antes que el acordeón se convirtiera en estandarte melódico…
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Velorio
El velorio constituye el ritual mediante el cual se vela a la persona fallecida antes de su entierro. El cuerpo se coloca en caja mortuoria, rodeado de flores, velones y fotografía en vida. Hay rezos, oraciones y presencia constante de familiares y amigos, frecuentemente durante toda la noche. El verbo velar no es simbólico: implica permanecer despierto, acompañar al muerto y, de algún modo, protegerlo en su tránsito final.
Aunque hoy en las ciudades predominan las funerarias, en barrios y zonas rurales todavía se velan difuntos en la sala de la casa. Se colocan sillas, carpas, lonas; se prepara café fuerte, té de jengibre, a veces ron o sancocho. Nadie se va con estómago vacío. El velorio es duelo, pero también logística, solidaridad y resistencia emocional…
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Domingo dominicana
El domingo dominicano no es solo día del calendario: es pausa colectiva. En un país donde la semana se vive con intensidad—trabajo temprano, calor, tapones, rebusque—el domingo llega como acuerdo tácito: hoy se baja la guardia. La mayoría no trabaja. Las tiendas cierran temprano. El reloj deja de mandar.
Es día de visitar a los padres, de que los hijos vuelvan a la casa donde crecieron, aunque sea solo a almorzar. Es día de olla grande, de arroz blanco, carne guisada, ensalada y jugo frío. Para otros, es día de salir: almuerzo fuera, visita al río, escapada a la presa de Tavera o a cualquier charco que prometa sombra y agua fresca…
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La Playa
La playa, en vida dominicana, no es únicamente arena y mar. Es extensión informal del hogar. Es donde se come un pescado frito con tostones bajo mata de uva de playa, donde el radio suena con merengue o bachata, donde el tiempo se dilata sin culpa. No se va solo a nadar: se va a estar.
A diferencia de otras culturas donde la playa se concibe como espacio de silencio o contemplación, en República Dominicana es ruidosa, compartida y viva. Neveras azules, sillas plásticas o «cheilón», dominó improvisado, niños corriendo descalzos y adultos hablando a voces forman parte del paisaje. El mar está ahí, pero no exige protagonismo absoluto.
La playa dominicana es democrática. No pregunta estatus ni apellido. Puede ser turística o comunitaria, famosa o anónima, pero su lógica es la misma: ocupar el espacio juntos…
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Habichuelas con dulce
Las habichuelas con dulce son postre tradicional dominicano elaborado a base de habichuelas—generalmente rojas—, leche de coco, leche evaporada, azúcar, batata, pasas y mezcla aromática de canela, clavo y otras especias. La textura es semilíquida, cremosa, y se sirve caliente o fría, siempre acompañada de galletitas de leche o, en algunas regiones, casabe tostado.
Pero definirlas solo por ingredientes es quedarse corto. Las habichuelas con dulce no son receta aislada: son temporada, olor en la cocina, olla que no se tapa del todo y señal inequívoca de que llegó la Cuaresma. En muchos hogares, no se pregunta si se van a hacer; se pregunta cuándo…
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Béisbol
El béisbol dominicano es pasión nacional con dos escenarios que se alimentan mutuamente: el play comunitario y la pelota profesional. La Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM)—con sus seis equipos—no es producto deportivo frío ni simple calendario de juegos. Es institución cultural. Arranca a mitad de octubre, se vuelve tema obligatorio en diciembre y en enero sube volumen con el round-robin y la final. El campeón va a la Serie del Caribe, y ahí la bandera se convierte en uniforme: el país entero «juega» desde la sala, el colmado o el trabajo.
Pero antes de LIDOM está lo esencial: el terreno improvisado, la liga pequeña, la vitrina del barrio. Ahí no se aprende béisbol por teoría ni por métricas avanzadas. Se aprende por repetición, presión, coro, hambre de hacer contacto. El talento aparece temprano, se pule tarde y se prueba siempre bajo mirada ajena…
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Un Chin
«Un chin» constituye uno de los dominicanismos más pequeños en forma y más grandes en función. Literalmente alude a cantidad mínima: un poco, un poquito, una pizca. Pero en práctica dominicana, «un chin» no es solo medida; es herramienta social.
Se usa para hablar de comida («dame un chin de arroz»), de sensaciones («tengo calor, pero un chin»), de espacio («muévete un chin»), de tiempo («espérate un chin») y hasta de cortes de pelo, aunque ahí conviene tener cuidado. El término se adapta, se estira, se encoge y se carga de intención según contexto.
A diferencia del español normativo, «un chin» no necesita precisión. No se mide con cucharas ni relojes. Se mide con confianza, cercanía y lectura del ambiente. Por eso, aunque aparece en diccionarios como sinónimo de «poco», su verdadero significado solo se domina viviéndolo…
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Esendom
ESENDOM es revista cultural dominicana nacida en la web, construida desde la idea de que la dominicanidad no es estática ni folklórica, sino dinámica, discutida y en constante revisión. ESENDOM documenta lo que somos—y lo que estamos siendo—con enfoque editorial que combina periodismo cultural, crónica, análisis histórico y lectura crítica del presente.
No es portal de nostalgia ni feed de tendencias. Es espacio donde la música se lee con contexto, el béisbol con métricas y memoria, la política con ironía informada, y la cultura popular con respeto intelectual. Publica desde Santo Domingo, desde barrios del país y desde comunidades dominicanas fuera del territorio, entendiendo que la identidad no se agota en un mapa…
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