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Cultura y conciencia

26 cosas dominicanas que explican quiénes somos: Juan Pablo Duarte

CulturaEMMANUEL ESPINALComment

Por Emmanuel Espinal y Nelson Santana
26 de enero de 2026

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Este artículo pertenece a «26 cosas dominicanas que explican quiénes somos (Edición enero)/febrero», una serie diaria que durante 26 días (estamos en el año 2026) examina las claves culturales que nos definen como dominicanos—tanto en la isla como en el exterior. A través de lo cotidiano, el lenguaje, la música, la comida, la fe y la memoria colectiva, cada entrega analiza una «cosa dominicana»: qué es, por qué nos importa y cómo la vivimos aquí y allá.

Juan Pablo Duarte: arquitecto de la República, no solo héroe de bronce

Serie: 26 cosas dominicanas que explican quiénes somos
Tema: Juan Pablo Duarte

Para lectura rápida

  • Juan Pablo Duarte no es solo estatua: es arquitecto de una idea—República basada en ley, libertad y dignidad

  • Fundó La Trinitaria (1838) para organizar, en secreto y con disciplina, el proyecto independentista que culminó en 1844

  • Su obsesión era soberanía total: rechazó protectorados y anexiones (a Francia, España, EE. UU. o cualquiera)

  • Pagó caro su coherencia: terminó marginado por caudillos, expulsado, y murió en exilio (Caracas, 1876)

  • Su legado no es «pasado»: es vara para medir cualquier liderazgo dominicano hoy

Qué es

Juan Pablo Duarte constituye la «cosa dominicana» que funciona como brújula moral e intelectual de la nación: el fundador que comprendió la independencia como algo más que expulsar poder externo. Duarte (1813–1876) fue organizador, educador, estratega político y creador de un programa republicano que buscaba nación con instituciones, ciudadanía y límites al poder. Por eso no basta decir «Padre de la Patria»; lo correcto es entenderlo como padre de una idea de país.

Por qué importa

Duarte dejó definición exigente de dominicanidad: ser dominicano no era etiqueta, era compromiso con libertad y ley. Su visión chocó con tentación recurrente en nuestra historia: resolver miedo con «protección» extranjera, y resolver política con caudillos. Duarte hizo lo contrario: organizó La Trinitaria con método, trabajó conciencia nacional y defendió principio radical para su época: ningún poder es ilimitado, ni siquiera el del gobierno.

Si hoy República Dominicana discute corrupción, autoritarismo, clientelismo o «ley para unos y para otros no», Duarte importa porque es una pregunta incómoda: ¿estamos construyendo República o solo administrando poder?

Escena dominicana (micro-narrativa)

Un grupo de jóvenes se reúne en casa o almacén de la Zona Colonial. No hay micrófonos, tarimas, ni cámaras. Hay juramento, secreto y una idea que pesa más que la vida: «ser libres». Afuera, el control extranjero impone reglas, idioma y reclutamiento; adentro, Duarte convierte miedo en organización.

Años después, cuando la independencia se logra, muchos celebran el resultado… pero no todos quieren el proyecto. Duarte regresa, propone principios, insiste en República sin tutelas, y entonces aparece la otra cara de nuestra historia: la lucha por el mando. Los mismos que hablan de «orden» terminan empujándolo al exilio. La escena es dura: el fundador queda fuera del país que ayudó a crear.

En el exterior

Duarte también vive en memoria dominicana fuera del territorio nacional: en parques con su estatua, en avenidas que llevan su nombre, en actos comunitarios cada 26 de enero, en escuelas que enseñan su pensamiento como forma de disciplina cívica. Allí, su figura cumple función clara: recordar origen y dignidad cuando toca adaptarse a otra cultura, otro idioma, otro sistema.

Pero hay un detalle importante: Duarte no sirve solo para nostalgia. Sirve para formar criterio. Para que, estés donde estés, sepas distinguir entre «progreso» y «venta del país»; entre liderazgo y caudillismo; entre orgullo vacío y ciudadanía.

Cierre + pregunta (CTA)

Duarte murió lejos, pobre, y con amarga certeza de que la independencia puede ganarse y luego traicionarse. Eso lo vuelve útil hoy: no como santo, sino como estándar.

Pregunta: Si Duarte mirara la República Dominicana actual—su política, su economía, su sentido de justicia—¿diría que estamos honrando la República que imaginó, o solo repitiendo el ciclo de poder que él combatió?

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