Por Emmanuel Espinal y Nelson Santana
16 de enero de 2026
Este artículo pertenece a «26 cosas dominicanas que explican quiénes somos (Edición enero)/febrero», una serie diaria que durante 26 días (estamos en el año 2026) examina las claves culturales que nos definen como dominicanos—tanto en la isla como en el exterior. A través de lo cotidiano, el lenguaje, la música, la comida, la fe y la memoria colectiva, cada entrega analiza una «cosa dominicana»: qué es, por qué nos importa y cómo la vivimos aquí y allá.
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Para lectura rápida
No es un animal ni un insulto automático: es una figura social compleja.
Puede ser astucia admirada o advertencia moral, según el contexto.
No equivale siempre a delincuente, aunque a veces se le confunda con uno.
Es una forma de leer y sobrevivir en el mundo dominicano.
Qué es
El tíguere —no «tigre»— constituye uno de los términos más densos del español dominicano. Designa a una persona astuta, avispada, oportunista; alguien que sabe «caer parado» y «resolver» en circunstancias adversas. No se deja engañar ni pierde ventajas posibles.
Limitarlo a «vivo» o «tramposo» empobrece su alcance. Como plantea Lipe Collado en su ensayo fundacional El tíguere dominicano: hacia una aproximación de cómo son los dominicanos, el tíguere representa un tipo social, no simplemente un calificativo. Su significado varía según entonación, momento y contexto. Funciona como elogio, burla, advertencia o acusación.
Afirmar «ese tipo es un tíguere» puede indicar habilidad y efectividad… o peligrosidad. La expresión opera como barómetro moral.
Por qué importa
El tíguere importa porque expone una lógica de supervivencia profundamente enraizada en la trayectoria histórica dominicana. Emerge de contextos marcados por escasez, inequidad y estructuras institucionales débiles. No procede del delito, aunque ocasionalmente lo roce; procede de la exigencia de ingenio.
Progresivamente, el término ha derivado —injustificadamente— hacia un sinónimo de delincuente. Numerosas madres advierten a sus hijos sobre «los tígueres de la calle», asociándolos con amenaza. Este deslizamiento ha desacreditado una figura que originalmente describía inteligencia práctica, liderazgo informal y capacidad de navegar sistemas hostiles.
El conflicto no radica en el tíguere mismo, sino cuando la astucia se disocia de la ética. Esa frontera, en el imaginario dominicano, permanece históricamente fluida.
Escena dominicana (micro-narrativa)
Conversación callejera. Alguien plantea un negocio rápido. Otro vacila. Un tercero sonríe: «Tranquilo, yo resuelvo». Nadie solicita detalles ni métodos. Si prospera, lo catalogarán tíguere. Si fracasa, dirán que «se pasó de listo». El juicio siempre llega retrospectivamente.
En el exterior
En el exterior, el concepto viaja con sus portadores. En Nueva York, Madrid o Miami, «tíguere» mantiene reconocimiento inmediato. A veces se emplea con orgullo: quien se adapta velozmente, quien descifra códigos sin manuales. Otras veces cristaliza en estereotipo: el dominicano «demasiado vivo».
Investigaciones recientes han reexaminado esta figura desde perspectivas ampliadas —incluyendo género, raza y sexualidad— sin desmantelarla completamente. El tíguere persiste, transformado y cuestionado, pero vigente como símbolo de dominicanidad: ingenio, resiliencia, estilo, presencia.
Lo que no es
El tíguere no equivale automáticamente a ladrón. No es sinónimo de violencia. No se limita al género masculino. No constituye una caricatura.
Representa una figura ambigua, como múltiples identidades nacionales: capaz de generar admiración o rechazo, dependiendo de cómo y para qué se emplee su inteligencia social.
Cierre
Comprender al tíguere es comprender una modalidad dominicana de habitar el mundo. No como ideal absoluto ni condena automática, sino como reflejo de una historia donde sobrevivir siempre ha requerido más que regulaciones formales.
Pregunta (CTA): Cuando alguien dice «ese es un tíguere», ¿lo escuchas como elogio, advertencia o ambas cosas a la vez?
Nota de verificación: El ensayo de Lipe Collado (José Rafael Lantigua) El tíguere dominicano es efectivamente un texto clásico sobre el tema, publicado originalmente en 1985 y reeditado múltiples veces. La etimología de «tíguere» (derivado de «tigre») y su uso como figura social compleja están bien documentados en estudios culturales dominicanos.
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