Nelson Santana y Emmanuel Espinal
12 de enero de 2026
Este artículo pertenece a «26 cosas dominicanas que explican quiénes somos (Edición enero)/febrero», una serie diaria que durante 26 días (estamos en el año 2026) examina las claves culturales que nos definen como dominicanos—tanto en la isla como en el exterior. A través de lo cotidiano, el lenguaje, la música, la comida, la fe y la memoria colectiva, cada entrega analiza una «cosa dominicana»: qué es, por qué nos importa y cómo la vivimos aquí y allá.
Qué es
La cocina dominicana se está haciendo conocer a nivel mundial. El 26 de julio de 2025, la República Dominicana inscribió nuevamente su nombre con letras doradas en los anales de los récords mundiales al conquistar oficialmente el Récord Guinness del mofongo más grande del planeta. También en el 2025, el restaurante Aguají de Chef Tita hizo historia al ser el primer restaurante dominicano en Latin America’s 50 Best Restaurants y Chef Tita hizo historia cuando se convirtió en la primera dominicana en The Best Chef Awards 2025.
El mangú es plátano verde hervido y majado hasta lograr textura cremosa, bañado con cebolla morada salteada en aceite y vinagre. Aunque reina en el desayuno, aparece también en la cena o a cualquier hora «cuando lo que hay es plátano y ganas».
La versión emblemática son los tres golpes: huevo frito, queso frito y salami dominicano—ese salami rosado, suave y gordito que al freírse gana costra y sabor. Algunas manos lo enharinan antes de la sartén para añadir crujiente; otras lo sustituyen con longaniza o, en la costa, con pescado frito.
Por qué importa
Porque el mangú demuestra una verdad dominicana: lo simple puede ser monumental. Con ingredientes modestos logra textura, aroma y memoria compartida. Su linaje conecta con el fufú de África Occidental—tradición de tubérculos hervidos y majados que en el Caribe tomó formas diversas (mangú, mofongo, fungi).
El mangú también es archivo cultural. Ya aparecía documentado en recetarios dominicanos de la década de 1930, evidencia de cómo el plato se urbanizó y estandarizó en el siglo XX sin perder su alma casera.
Escena dominicana
Amanece. La olla hierve. En la mesa, cebolla morada «sudando» en vinagre; en el fogón, aceite caliente esperando. Alguien pregunta lo de siempre: «¿Con salami o con queso primero?». El majado exige paciencia y agua del hervor—ni aguado ni apelmazado, «en su punto». Cuando llegan los golpes, la cocina se transforma: el plato deja de ser comida y se vuelve ceremonia.
En el exterior
Fuera del país, el mangú funciona como ancla. Se busca el plátano donde sea, se improvisa la cebolla, se negocia con el salami («no sabe igual, pero cumple»), y aun así el resultado trae algo intacto: sentido de pertenencia. En hogares dominicanos del exterior, el mangú dominical no es solo costumbre—es declaración de identidad. Se sirve a hijos nacidos afuera como herencia comestible.
El nombre y sus historias
Como todo símbolo vivo, el mangú tiene sus mitos. Circulan teorías sobre raíces africanas, la anécdota del «Man, good!» durante la ocupación estadounidense, incluso vínculos con el haitiano «maman gou». Pocas se sostienen documentalmente, pero juntas revelan algo cierto: el mangú no solo se come—se narra.
Cierre + pregunta
El mangú es desayuno, memoria y carácter: la prueba de que lo dominicano sabe a historia majada con cebolla y cariño.
Dime tú: ¿eres de tres golpes clásicos o le metes tu propio toque?
⸻⸻
Relacionado
26 cosas dominicanas que explican quiénes somos: el mangú
Chef Tita hace historia: primera dominicana en The Best Chef Awards 2025