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Cultura y conciencia

26 cosas dominicanas que explican quiénes somos: La Virgen de la Altagracia

CulturaEMMANUEL ESPINALComment

Por Nelson Santana y Emmanuel Espinal
21 de enero de 2026

Este artículo pertenece a «26 cosas dominicanas que explican quiénes somos (Edición enero)/febrero», una serie diaria que durante 26 días (estamos en el año 2026) examina las claves culturales que nos definen como dominicanos—tanto en la isla como en el exterior. A través de lo cotidiano, el lenguaje, la música, la comida, la fe y la memoria colectiva, cada entrega analiza una «cosa dominicana»: qué es, por qué nos importa y cómo la vivimos aquí y allá.

Anterior: 26 cosas dominicanas que explican quiénes somos: La Guagua

Para lectura rápida

  • Funciona simultáneamente como devoción religiosa y símbolo nacional

  • Su culto integra historia documentada, narrativa mítica y discurso político

  • El 21 de enero genera peregrinación masiva, memoria colectiva y promesas votivas

  • Su imagen articula identidad, poder y pertenencia cultural

Qué es

La Virgen de la Altagracia constituye la advocación mariana más importante de República Dominicana y es considerada madre protectora del pueblo dominicano. Su imagen—María inclinada en adoración ante el Niño Jesús en el pesebre—reside actualmente en la Basílica Catedral de Nuestra Señora de la Altagracia en Higüey, inaugurada en 1971, aunque su presencia simbólica antecede considerablemente al edificio moderno.

La devoción llegó desde España, particularmente desde Extremadura, donde existían múltiples santuarios dedicados a esta Virgen desde los siglos VI o VII. Historiadores como Fernando Bravo y Bravo y Luis Gerónimo de Alcocer documentan que la imagen fue traída a la isla entre 1502 y 1507 por los hermanos Alonso y Antonio Trejo, colonos españoles asentados en Higüey. Otros autores, como Fray Cipriano de Utrera, sostienen que la imagen existía desde tiempos visigodos, reforzando la antigüedad del culto.

Lo que actualmente se venera es una pintura sobre tela de pequeño formato, atribuida a artista español anónimo alrededor del año 1500, restaurada en España en 1978 tras siglos de exposición a humo de velas y contacto humano.

Otra lectura de Esendom: La Virgen de la Altagracia: ¿Venerada patrona dominicana o invento nacional?

Por qué importa

La Virgen de la Altagracia importa porque articula fe, nación e historia. No opera solo como figura religiosa: constituye símbolo cargado de significado político y cultural. Su fiesta, celebrada cada 21 de enero, es día no laborable y feriado nacional, decisión que consolidó su estatus como patrona del país.

La coincidencia cromática entre su vestimenta—rojo, blanco y azul—y la bandera dominicana no ha pasado desapercibida. Discursos nacionalistas han incorporado históricamente su imagen para reforzar nociones de unidad, resistencia y destino común. Su intercesión se asocia con la victoria sobre tropas francesas en la Batalla de Sabana Real en 1691, evento que ayudó a fijar su fecha oficial de veneración.

Así, la Virgen de la Altagracia funciona como puente entre lo espiritual y lo cívico, entre la colonia y la nación moderna.

Escena dominicana (micro-narrativa)

Madrugada del 21 de enero. El asfalto conserva el frío nocturno. Familias enteras avanzan silenciosamente, algunas descalzas, otras de rodillas. Una señora aprieta estampa contra el pecho. Un joven carga vela más grande que su antebrazo. Nadie pregunta por qué. Todos comprenden que aquí se viene a cumplir, agradecer o pedir. Higüey despierta diferente ese día.

Otra lectura de Esendom: Jueves de tirapatrás: La Virgen de la Altagracia: ¿fe heredada o símbolo nacional construido?

Entre historia y mito

La devoción no se sostiene exclusivamente en documentos. Vive también en relatos transmitidos generacionalmente. Está la historia de la niña que soñó con la Virgen y pidió a su padre traer su imagen; la del anciano misterioso que apareció en una posada con pergamino; la del naranjo donde se reveló la imagen un 21 de enero. Estos relatos no compiten con la historia documentada: la completan.

La Virgen de la Altagracia existe en tensión constante entre archivo y fe, entre lo comprobable y lo creído.

En el exterior

Fuera del territorio dominicano, la Virgen mantiene su función como punto de referencia identitaria. En ciudades como Nueva York, su fiesta marca el inicio del Mes de la Herencia Dominicana. Iglesias, procesiones y celebraciones reproducen el vínculo con Higüey y refuerzan continuidad cultural más allá del espacio geográfico.

Además, su advocación es patrona de comunidades en España, Venezuela, Perú, México y Argentina, evidenciando que su historia es transatlántica y no exclusivamente insular.

Cierre

La Virgen de la Altagracia no constituye solo objeto de veneración; es construcción histórica viva. Entre fe sincera, relatos míticos y usos políticos, su imagen sigue interpelando a la sociedad dominicana: ¿creemos por tradición, por necesidad o por identidad?

Pregunta: Cuando piensas en la Virgen de la Altagracia, ¿la ves primero como figura religiosa, símbolo nacional o ambas cosas a la vez?

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