Por ESENDOM
15 de enero de 2026
Puntos clave
Cada 21 de enero, Higüey se convierte en el corazón espiritual del país.
La devoción es masiva; el origen histórico, difuso.
La Virgen funciona tanto como figura religiosa como emblema nacional.
Entre fe, archivo y política, la historia no es tan «pura» como parece.
Lea el artículo original: La Virgen de la Altagracia: ¿Venerada patrona dominicana o invento nacional?
En ESENDOM volvemos atrás para revisar una pregunta incómoda que sigue vigente: ¿la Virgen de la Altagracia es solo una patrona venerada o también un símbolo nacional cuidadosamente ensamblado? No se trata de atacar la fe —se trata de entender cómo se construye la identidad dominicana cuando religión, historia y poder se dan la mano.
Cada enero, peregrinos llegan a Higüey descalzos, de rodillas, cumpliendo promesas. La escena se repite desde hace siglos en torno a la Basílica Catedral de Nuestra Señora de la Altagracia, epicentro de una devoción que muchos practican sin conocer su genealogía.
Los relatos no coinciden. Se habla de la llegada de la imagen a Salvaleón de Higüey a inicios del siglo XVI, cuando la villa fue establecida por Juan Ponce de León en 1505. Hay versiones que sitúan la devoción en España desde los siglos VI o VII; otras, más prudentes, colocan la imagen dominicana alrededor de 1502. Lo cierto es que no hay documentación concluyente, y el vacío ha sido rellenado con mito, tradición oral y conveniencia simbólica
La propia basílica es relativamente reciente: su construcción comenzó en 1954 y se inauguró en 1971. Sin embargo, la Virgen ya estaba plenamente instalada en el imaginario nacional mucho antes. Los colores azul y rojo de la imagen preceden por siglos a la bandera nacional, aunque la coincidencia ha reforzado su función como símbolo patrio.
La propia basílica es relativamente reciente: su construcción comenzó en 1956 y se inauguró en 1971. Sin embargo, la Virgen ya estaba plenamente instalada en el imaginario nacional mucho antes. ¿Casualidad que comparta colores con la bandera? Difícil creerlo. La Virgen —como otras figuras marianas en América Latina— ha sido incorporada a discursos nacionalistas, usada como madre protectora del «nosotros» dominicano, útil tanto para cohesión social como para legitimación política.
Este tirapatrás no busca respuestas definitivas. Busca algo más incómodo: pensar. Pensar cómo una imagen religiosa puede convertirse en símbolo de Estado; cómo la fe sincera convive con la instrumentalización; y cómo, en República Dominicana, lo sagrado y lo patriótico rara vez caminan separados.
¿Y usted qué cree: devoción ancestral o símbolo nacional cuidadosamente moldeado?
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