ESENDOM — Archivo (2020)
22 de enero de 2026
Hay jueves en que mirar atrás no es nostalgia: es obligación moral. En este Jueves de tirapatrás regresamos a uno de los textos más duros que publicamos en 2020, hoy recontextualizado dentro de la serie «16 días por ellas». No para reabrir heridas, sino para nombrar lo que sigue intacto: los mecanismos que permiten que la violencia contra niñas y mujeres se repita con impunidad.
El marco es claro. El 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, conmemora el asesinato de Las Hermanas Mirabal —Minerva, Patria y María Teresa— y abre los 16 Días de Activismo hasta el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos. ESENDOM asumió ese arco temporal como una apuesta editorial: memoria activa, contexto histórico, claves legales y un llamado a la acción. Recordar es responsabilidad.
El caso
En enero de 2020, Yaneisy, una niña de cuatro años, fue violada y asesinada en Santiago. La conversación pública se desvió rápido: primero, hacia la criminalización de su madre, Yanerys; luego, hacia el morbo sobre los agresores. Lo estructural quedó fuera de foco.
Ese fuera de foco es el problema.
Como advirtió la activista Mariel Acosta en aquel momento, el caso no era un «hecho aislado», sino la expresión de un ciclo de abuso sostenido por machismo, permisividad social y negligencia institucional. La prensa etiquetó a la madre como «incompetente». Los análisis feministas miraron donde dolía: matrimonio infantil, violación de menores, desigualdad de clase, falta de educación sexual y abandono del Estado.
Lo que se ocultó
Los datos importan. Yanerys tenía 23 años; el padre de sus hijas, 61. La hija mayor nació cuando ella era una adolescente. No hubo consentimiento posible. Hubo abuso. Y hubo normalización: esa idea tóxica de que «si es pobre, vale menos»; de que «un hombre mayor que ‘se levanta’ una muchachita» es parte del paisaje. No lo es. Es delito. Es violencia.
En la República Dominicana, la educación sexual integral ha sido rehén del tabú y de presiones conservadoras, mientras el sexo circula sin filtros en la cultura mediática. El resultado es conocido: niñas empujadas a una adultez prematura, maternidades forzadas, salud mental ignorada, estigmatización social y cero redes de apoyo.
Nombrar para exigir
Este Jueves de tirapatrás dialoga con la serie «16 contra la violencia, memorias dominicanas», que honra a mujeres cuyas vidas fueron truncadas o marcadas por la violencia: Mamá Tingó, Lucrecia Pérez Matos, Emely Peguero. No hay rankings. Hay memoria y exigencia.
Lo que sigue pendiente
Reconocer legal y socialmente que las menores no consienten relaciones con adultos.
Erradicar el matrimonio infantil con políticas efectivas y sanciones reales.
Implementar educación sexual integral basada en derechos humanos.
Fortalecer protección social y salud mental para niñas y madres adolescentes.
Dejar de culpar a las víctimas y nombrar a los responsables.
Volver a este texto no es mirar atrás por costumbre. Es comprobar que, si no se corrigen las estructuras, la violencia se recicla. Recordar, insistimos, es un acto de amor y de responsabilidad. Por ellas y por todas: ni una menos.