Por ESENDOM
29 de enero de 2026
El 31 de enero de 2018, ESENDOM recogió un detalle que hoy parece obvio, pero en aquel momento fue casi una radiografía en vivo del poder dominicano: la periodista Sara Pérez soltó un término nuevo —«ciberbotella»— para nombrar a la versión digital del clientelismo criollo.
El contexto: Marcha Verde, Odebrecht y el miedo a la calle
La palabra aparece un día después de la gran movilización de Marcha Verde (29 de enero de 2018), cuando el país estaba con el pulso acelerado por la corrupción y el caso Odebrecht. En ese clima, Sara Pérez (con su estilo de «pan pan y vino vino») denuncia algo simple: si la gente protesta sin cheques, el sistema se pone nervioso… y manda a su gente a ensuciar la conversación.
¿Qué es una «ciberbotella»?
En dominicano, «botella» no es un objeto: es un puesto fantasma pagado por el Estado como premio por lealtad. Sara Pérez le pone «ciber-» y lo traduce al siglo XXI:
No te atacan en la calle: te atacan en comentarios, rumores y campañas.
No cargan pancartas: cargan capturas, «hilos», cuentas anónimas y «pruebas» inventadas.
No trabajan: «trabajan» en apariencia, porque el objetivo no es producir valor, sino vigilar, intimidar y desmoralizar.
En su publicación (que ESENDOM citó entonces), ella básicamente reta a los difamadores: si van a hablar de financiamiento, miren primero a quiénes sí tocó Odebrecht, y cuestionen por qué. El tiro iba directo a la narrativa de «esa marcha está pagada».
Lo que envejeció perfecto: el país de la nómina también se mudó al Wi-Fi
Ocho años después, el término no solo se quedó: se normalizó. Y ahí está lo más grave del tirapatrás.
Lo que realmente denunció Sara Pérez (sin decirlo bonito)
La «ciberbotella» no es solo un tipo que comenta. Es una pieza barata de control político:
Deslegitimar: si te etiquetan como «pagado», ya no importa tu argumento.
Intimidar: si te convierten en blanco, otros se callan para no coger su pela digital.
Cansar: no buscan ganarte el debate; buscan agotarte hasta que dejes de hablar.
Confundir: llenan el espacio de ruido para que la verdad sea «una opinión más».
Eso fue lo que se activó contra Marcha Verde: no era discutir corrupción, era matar la credibilidad de quien protesta antes de que el país empiece a preguntar demasiado.
Por qué el término pegó
Porque es dominicano hasta la médula: aquí entendemos «botella» sin diccionario. Sara Pérez solo hizo el upgrade: el clientelismo dejó la oficina vacía… y se mudó a Facebook.
Y ojo: no necesitas un pago directo para ser ciberbotella. A veces el pago es: acceso, favores, «te tengo en cuenta», o simplemente pertenecer al corillo correcto.
El detalle más incómodo: la «ciberbotella» existe porque funciona
Si no funcionara, no invertirían en eso. El método es sencillo: un ejército de nadie puede secuestrar la conversación de todos. En un país donde mucha gente evita líos, la táctica es perfecta: haces bulto, metes miedo, y el ciudadano decente se quita.
Ocho años después, la pregunta es otra.
En 2018, la indignación era: «¿Quién está pagando esto?»
En 2026, la pregunta correcta es más dura:
¿Por qué seguimos dejando que el debate público lo dicten empleados del ruido?
Porque mientras el país discute con «ciberbotellas», los verdaderos operadores —los de contratos, nóminas, adjudicaciones, campañas, y silencio institucional— siguen trabajando sin interrupción.
Cierre ESENDOM
Ese 31 de enero de 2018 no se publicó solo una anécdota lingüística. Se documentó un cambio de época: la botella se digitalizó.
Y como siempre, lo más dominicano del asunto es esto:
si el poder no puede convencerte, intentará comprarte… y si no puede comprarte, intentará callarte.
Para leer en artículo original, haz clic en el enlace:
La periodista Sara Pérez acuña una nueva palabra: ciberbotella