Por Panocho Pechocho
15 de enero de 2026
Santo Domingo amaneció con el presidente Luis Abinader cantando victoria más duro que un gallo cibaeño. Tras la sacudida geopolítica del 3 de enero, el mandatario salió a X (antes Twitter, pero con el mismo ego) a recordar que República Dominicana nunca reconoció a Nicolás Maduro. Traducción libre: «Se los advertí».
Con tono de profeta caribeño, reiteró que el país «siempre estará del lado de la democracia, donde sea, cuando sea y ante quien sea». Una frase tan solemne que cabe perfectamente en un tuit… y en una camiseta electoral.
Para reforzar el argumento, desempolvó la Declaración de Santo Domingo de agosto de 2024: aquel documento donde varios países le dijeron a Maduro, con diplomacia fina, «así no, compadre». Abinader insiste en que no improvisó: que él ya tenía la postura guardada, planchada y lista antes de que enero trajera misiles, capturas y fuegos artificiales.
Maduro no era Chávez (y nunca dio la talla)
Mientras Abinader afinaba el «yo tenía razón», en Caracas se confirmaba lo impensable: Maduro fuera del juego. Y como toda tragedia caribeña merece su realismo mágico, apareció el fantasma de Hugo Chávez (imaginario, pero convincente) para soltar el clásico:
—«¿Ven? Les dije que Maduro no era Chávez».
Y tenía razón. Chávez tenía carisma, votos y pueblo. Maduro heredó el poder, pero no el encanto. Intentó copiar el libreto —discursos eternos, cadenas, épica revolucionaria— y le salió un refrito sin gracia. Ocho años de autoritarismo después, el imitador terminó sin legado, sin balcón… y sin bigote en las pancartas.
Operación madrugada: geopolítica con sabor a meme
La madrugada del 3 de enero de 2026 fue puro cine clase B. Explosiones, sobrevuelos y, horas después, Donald Trump anunciando en redes que Maduro y esposa estaban «capturados y exportados», como si fueran mercancía devuelta.
En Caracas: caos. En Washington: aplausos. En redes: carnaval. El hashtag #PodridoPaFuera explotó y los memes no perdonaron a nadie: Maduro esposado, Trump de productor ejecutivo y Abinader convertido en «Profeta Luis», bola de cristal incluida.
Quisqueya entre el susto y el relajo
En República Dominicana, la reacción fue mixta: alivio… y cálculo. Cada lío en Caracas significa más migración, más filas en Migración y más políticos locales diciendo «yo lo dije» frente a las cámaras.
En la calle, sin embargo, el análisis fue más práctico:
—«Que se lo lleven, pero que no suba el arroz»,
—«Y si mejora Venezuela, que nos manden gasolina barata».
Prioridades claras.
Mientras tanto, Abinader suma puntos: nadie pierde apoyos por ponerse «del lado de la democracia». La oposición, prudente, se quedó calladita. No es buen negocio defender a un Maduro caído.
Epílogo de colmado
Al final, queda la estampa caribeña perfecta:
un presidente diciendo «te lo dije»,
un dictador caído rumbo a tribunales extranjeros,
y un pueblo que solo quiere resolver.
Porque, como se sabe en buen dominicano,
los discursos pasan… pero el colmado abre mañana.
Y entre una fría y otra, alguien brinda:
—«Porque se llevaron al Podrido… y que no nos lo devuelvan».
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