Por ESENDOM
1 de diciembre de 2025
Punto claves:
República Dominicana registra 11,961 embarazos en adolescentes en lo que va de 2025; casi uno de cada cuatro corresponde a niñas y jóvenes haitianas.
Aunque la cifra sigue siendo alarmante, los datos de la ONE muestran una caída sostenida desde 2021 y una reducción de 12.14 % respecto al mismo período de 2024.
Cinco provincias fronterizas –Monte Cristi, Valverde, Elías Piña, Pedernales y Dajabón– concentran los porcentajes más altos, evidenciando el vínculo entre pobreza, desigualdad territorial y embarazo temprano.
El 94.91 % de los casos ocurre entre adolescentes de 15 a 19 años, pero más de 600 embarazos corresponden a niñas menores de 15 años.
Casi la mitad de los embarazos adolescentes termina en cesáreas o abortos, lo que abre preguntas sobre el acceso desigual a servicios de salud sexual y reproductiva.
11,961 embarazos adolescentes en nueve meses: República Dominicana avanza, pero arrastra una deuda social
En un país que aspira a consolidarse como centro turístico y de servicios del Caribe, las cifras de embarazo adolescente revelan que el verdadero indicador de desarrollo no está en el número de cruceros, sino en las oportunidades de sus niñas. Entre enero y septiembre de 2025, República Dominicana registró 11,961 embarazos en adolescentes, según la Oficina Nacional de Estadística (ONE). Detrás de esa cifra hay proyectos truncados, aulas vacías y niñas obligadas a asumir la maternidad antes de completar su adolescencia.
De estos embarazos, el 77.07% corresponde a dominicanas y el 22.78% a haitianas: 2,726 jóvenes haitianas que enfrentan no solo la maternidad temprana, sino también racismo, precariedad migratoria y exclusión social. Menos del 1% pertenece a otras nacionalidades. El embarazo adolescente tiene rostro caribeño, fronterizo y empobrecido.
Señales de progreso en medio del drama
A pesar de la gravedad, los datos muestran mejoría. Solo en el tercer trimestre de 2025 se registraron 4,170 embarazos adolescentes, 12.14% menos que los 4,746 del mismo período de 2024. La tendencia de años recientes es clara: de 27,476 en 2021 a 11,961 en 2025. Es un descenso significativo, aunque el país mantiene una de las tasas más altas de la región.
La frontera como epicentro de la desigualdad
El desglose provincial confirma un patrón conocido: donde hay más pobreza, hay más embarazo adolescente. Monte Cristi lidera con 25.7% de sus embarazos correspondientes a adolescentes, seguida de Valverde (25.5%), Elías Piña (24.5%), Pedernales (24.3%) y Dajabón (23.93%). Todas son provincias fronterizas o vinculadas al comercio informal y la migración.
Otras provincias con cifras elevadas incluyen Santiago Rodríguez (23.56%), María Trinidad Sánchez (23.13%), Duarte (22.77%) y Hato Mayor (22.77%). En estas zonas, la combinación de bajos ingresos, trabajo informal, acceso limitado a servicios de salud sexual y reproductiva, y normas culturales que normalizan las uniones tempranas crean condiciones propicias para la maternidad precoz.
En los barrios marginados del Gran Santo Domingo, la presión de «independizarse» mediante uniones tempranas, el abandono escolar y la violencia de género completan el panorama. El embarazo adolescente no es un «accidente individual»: es síntoma de un sistema social que continúa fallando.
Niñas, no madres
Del total de embarazos registrados, el 94.91% (11,352 casos) corresponde a jóvenes entre 15 y 19 años. Pero 609 embarazos—el 5.09%—ocurrieron en niñas menores de 15 años. Cada uno representa una violación de derechos fundamentales.
UNICEF ha advertido que el embarazo adolescente es una de las principales causas de mortalidad entre adolescentes a nivel mundial, y que cuatro de cada diez jóvenes de 15 a 19 años que desean evitar un embarazo carecen de acceso a anticonceptivos. En República Dominicana, estas estadísticas reflejan la ausencia de educación sexual integral en las escuelas, la resistencia social a discutir sexualidad con adolescentes y un sistema de salud que no siempre los reconoce como sujetos de derecho.
En niñas menores de 15 años, el embarazo frecuentemente está vinculado a abuso sexual, incesto o uniones forzadas con hombres adultos. Son historias que rara vez llegan a los titulares, pero permanecen en expedientes fiscales, hospitales y estadísticas presentadas como gráficos.
Partos, cesáreas y abortos: lo que revelan las cifras
Del total de embarazos al tercer trimestre de 2025, el 46.01% (5,503) culminó en partos vaginales, una reducción de 16.04% respecto a 2024. Sin embargo, casi igual proporción—45.04% (5,387)—terminó en cesáreas. Que casi la mitad de los partos adolescentes se resuelva quirúrgicamente plantea interrogantes sobre la calidad de atención, las indicaciones médicas y las presiones institucionales en un sistema de salud ya sobrecargado.
El 8.95% restante (1,071 casos) corresponde a abortos, con una reducción de 7.83% frente a 2024. Estas cifras solo capturan la porción visible: no incluyen abortos fuera del sistema público ni datos de patronatos, ONG y centros privados. En un país donde la interrupción del embarazo permanece penalizada en casi todas sus formas, muchos procedimientos probablemente ocurren clandestinamente, con graves riesgos para las adolescentes.
Un desafío de derechos, no solo de salud
Abordar el embarazo adolescente en República Dominicana requiere analizar políticas públicas y cultura. La persistencia de roles de género que vinculan la valía femenina con la maternidad, la normalización de uniones tempranas con hombres mayores y la falta de oportunidades educativas y laborales convierten el embarazo en un destino social para muchas jóvenes.
El componente migratorio añade complejidad. Las adolescentes haitianas—casi una cuarta parte de los embarazos—viven en condiciones de mayor vulnerabilidad: documentación incompleta o inexistente, discriminación, barreras idiomáticas y acceso limitado a servicios de salud. Cualquier política seria debe incluirlas como eje central, no como nota al pie.
En años recientes, el Estado dominicano ha implementado iniciativas de prevención y educación, y las cifras indican cambios. Pero mientras miles de niñas abandonen la escuela para criar hijos, el país arrastrará una deuda social enorme. Las madres adolescentes tienen menos posibilidades de terminar el bachillerato, acceder a empleos formales y romper el círculo de pobreza familiar.
De la estadística al compromiso
Los 11,961 embarazos adolescentes de 2025 pueden interpretarse como cifra descendente o como 11,961 razones para acelerar la acción. Si República Dominicana toma en serio el desarrollo humano y los derechos, el embarazo adolescente debe dejar de ser solo un problema de «salud» medido en partos y cesáreas, para convertirse en tema de justicia social.
Esto implica educación sexual integral, acceso real a anticonceptivos para adolescentes, servicios de salud apropiados, protección efectiva contra violencia sexual y campañas que cuestionen la idea de que «madurar» significa emparejarse y parir temprano. Significa también mirar hacia la frontera, los bateyes y los barrios populares, y reconocer que el futuro del país se define allí, en las vidas de niñas y adolescentes que hoy aparecen como «casos» pero mañana podrían ser profesionales, líderes comunitarias, artistas o científicas.
Por ahora, la estadística indica que el embarazo adolescente está disminuyendo. La verdadera victoria llegará cuando cada niña dominicana pueda decidir cuándo, cómo y si quiere ser madre.
⸻⸻
Relacionado
16 contra la violencia, memorias dominicanas: Rosaura Almonte «Esperancita»
El significado del 25 de noviembre: la eliminación de la violencia en contra de la mujer
Yaneisy y Yanerys: madre e hija víctimas del matrimonio infantil
Crisis de la infancia: Cuando los protectores se vuelven verdugos
El Torito vuelve a pedir la solidaridad de sus colegas, esta vez contra los feminicidios
Maribel Núñez habla de la lucha por los derechos reproductivos de la mujer en República Dominicana
Imágenes de la Marcha de las Mariposas en contra de la violencia machista
Imágenes de la marcha en contra de la violencia machista en R. Dominicana