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Cultura y conciencia

República Dominicana, nuevo refugio internacional de animales exóticos… sin presupuesto incluido (sátira)

Sátira, HumorNelson SantanaComment

Por Panocho Pechocho
30 de julio de 2026

El Zoológico Nacional está recibiendo flamencos, cocodrilos, loros, tigres y otras especies confiscadas por las autoridades.

  • Las incautaciones aumentaron de 30 animales en 2023 a 188 durante el año pasado.

  • En lo que va de año se han decomisado más de 8,900 ejemplares, aunque la mayoría eran peces jóvenes y grillos utilizados como alimento.

  • El país también podría recibir animales confiscados en Puerto Rico, mientras el zoológico advierte que sus recursos ya están llegando al límite.

La República Dominicana parece estar desarrollando una nueva industria nacional: convertirse en refugio del Caribe para todo animal exótico que alguien compró por internet, sacó de un manglar o recibió misteriosamente de un primo que “trabaja con importaciones”.

Es tan mala la cosa, que Medio Ambiente tuvo que abrir un registro obligatorio de animales exóticos.

Antes, cuando un dominicano quería demostrar prosperidad, compraba una yipeta, levantaba una segunda planta sin terminar o instalaba una marquesina con columnas romanas. Ahora, aparentemente, el verdadero símbolo de estatus es tener un flamenco en el patio, un cocodrilo en una piscina plástica y, para las visitas importantes, un tigre mirando fijamente desde el gazebo.

El problema es que, cuando las autoridades descubren estas pequeñas sucursales privadas del Discovery Channel, los animales terminan en el Parque Zoológico Nacional, el único zoológico del país y, por lo visto, también el centro de acogida, hospital, reformatorio, comedor económico y vivienda de emergencia del reino animal.

Las cifras ayudan a entender el tamaño del fenómeno. Las autoridades dominicanas incautaron 188 animales el año pasado, en comparación con apenas 30 en 2023. En lo que va de año han confiscado más de 8,900 especies, aunque la mayoría eran grillos y peces utilizados para alimentar a otros animales.

Es decir, hasta los almuerzos están llegando decomisados.

Los flamencos se encuentran entre las víctimas más frecuentes. Son capturados, vendidos a hoteles y colocados en jardines como si fueran lámparas decorativas con patas. Algunos propietarios particulares, al ver que el hotel tiene flamencos, deciden que su casa también necesita dos, porque aparentemente una mata de trinitaria ya no comunica suficiente elegancia.

Después viene la parte menos graciosa. A algunas de estas aves les amputan las alas para evitar que escapen. Otras son alimentadas con pan blanco, una dieta tan dominicana como nutricionalmente desastrosa para un flamenco. Como resultado, pierden su característico color coral y llegan al zoológico pálidas, débiles y enfermas.

Los veterinarios deben rehabilitarlas durante meses con alimentos apropiados, análisis médicos y atención especializada. Lo mismo ocurre con cocodrilos, loros, pericos y otras especies cuyos propietarios confundieron “mascota” con “animal que puede matarme, pero se ve bien en Instagram”.

Y cuando parecía que el zoológico ya tenía suficientes problemas, aparece la posibilidad de recibir animales confiscados en Puerto Rico, incluyendo caimanes, pitones y boas constrictoras.

La cooperación regional siempre es positiva, pero alguien tendrá que explicar dónde serán colocados 80 boas, varios caimanes y cualquier otro animal decomisado cuando el zoológico dominicano ya admite que sus recursos están bajo presión.

Quizás el Gobierno tendrá que construir el Centro Nacional de Acogida para Animales que Nadie Debió Comprar, con áreas especializadas para reptiles de narcotraficantes, flamencos de hoteles, loros de marquesina y cocodrilos adquiridos durante una crisis de identidad.

Pero detrás de la sátira existe una decisión seria que el Estado no podrá aplazar indefinidamente.

Cada animal confiscado necesita espacio, alimento, veterinarios, medicamentos, transporte y personal especializado. Los cocodrilos territoriales deben permanecer separados. Las especies enfermas requieren dietas estrictas. Algunas pueden ser liberadas, pero otras tendrán que pasar el resto de su vida bajo cuidado humano.

Todo eso cuesta dinero.

En un país donde amplios sectores de la población todavía enfrentan pobreza, inseguridad alimentaria y servicios públicos deficientes, el Gobierno tendrá que decidir cuánto puede invertir, de dónde saldrán los recursos y quién pagará realmente por la irresponsabilidad de quienes compran animales ilegales.

Una opción razonable sería imponer multas mucho más altas, obligar a los propietarios a cubrir los gastos de rehabilitación, perseguir a los vendedores y establecer acuerdos con centros especializados dentro y fuera del país. También será necesario controlar con mayor rigor a hoteles, negocios y particulares que utilizan animales protegidos como decoración.

Porque confiscar es apenas el primer paso. Después hay que alimentar al cocodrilo.

La República Dominicana no puede continuar convirtiendo el Zoológico Nacional en un almacén gratuito para las malas decisiones de personas con demasiado dinero, poco juicio y acceso a animales que jamás debieron abandonar su hábitat.

De lo contrario, llegará el día en que el zoológico tendrá más residentes que recursos, mientras los antiguos dueños seguirán libres buscando en internet cuál será su próxima mascota.

Probablemente un hipopótamo.

Porque una vez que el vecino tiene un flamenco, alguien siempre quiere superarlo.