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Cultura y conciencia

Nueva York castiga a los dominicanos por tres años… pero parece que se confundió de desfile (sátira)

Sátira, HumorNelson SantanaComment

Por Panocho Pechocho
12 de agosto de 2026

Nueva York — Se acabó el teteo.

Según fuentes absolutamente confiables del Departamento de Créeme, Manito, Nueva York habría decidido imponer tres años sin desfile dominicano tras concluir que ya estaba bueno de banderas, motores, dembow y policías preguntándose en qué momento de su vida aceptaron el turno extra.

La medida sería histórica.

También tendría un pequeño inconveniente:

Parece que castigaron el desfile equivocado.

Porque Nueva York, ciudad capaz de administrar 10 millones de residentes, dos aeropuertos y un sistema de trenes que funciona casi siempre, aparentemente todavía necesita que alguien le explique que La Gran Parada Dominicana del Bronx y el Desfile Nacional Dominicano de Manhattan no son la misma vaina.

Hay un río de por medio. Literalmente. Se llama Harlem River. Está en el mapa desde antes que existiera el mapa.

¿Cuál desfile fue?

La Gran Parada Dominicana del Bronx quedó bajo escrutinio después de los desórdenes ocurridos alrededor de sus festividades. Dos semanas más tarde, el Desfile Nacional Dominicano recorrió la Sexta Avenida en Manhattan bajo una presencia policial que superaba, en número, a varias delegaciones provinciales.

Son eventos distintos. Distintos condados, distintas juntas directivas, distintas rivalidades internas que llevan décadas cultivándose con esmero.

Pero en nuestra versión satírica, algún funcionario municipal recibió una carpeta que decía:

DOMINICAN PARADE — PROBLEMS.

—Cancelado.

—¿Cuál?

—El Dominican.

—Sí, pero ¿cuál Dominican?

—El Dominican Dominican.

—Señor, con todo respeto, eso no reduce nada.

—Entonces cancele los dos y que ellos resuelvan entre ellos.

Y ahí terminó la reunión. Doce minutos. Récord municipal.

Manhattan: «¿Y qué fue lo que yo hice?»

El asunto sería como cuando una madre dominicana escucha un desorden en la sala y dicta sentencia sin levantarse del sillón:

—¡Por culpa de ustedes, aquí nadie va pa' ningún lao!

Manhattan miraría al Bronx.

El Bronx respondería:

—¿Y por qué tú me estás mirando a mí?

Queens cerraría la puerta con seguro y bajaría el volumen.

Nueva Jersey preguntaría, con demasiado entusiasmo, si el desfile se puede mudar a Paterson.

Y Washington Heights ya estaría organizando uno clandestino por WhatsApp, con un audio de siete minutos de una tía explicando la ruta, la hora, y por qué el año pasado la comisión organizadora se portó muy mal con ella.

La logística del castigo

Tres años es un cálculo curioso.

Tres años es más de la mitad de un período presidencial dominicano. Es tiempo suficiente para que un niño se le quede chiquito el uniforme del colegio dos veces. Es tiempo suficiente para que una carroza pagada a plazos termine de pagarse sin haber salido nunca.

Consultada sobre cómo se ejecutaría el castigo, la ciudad habría explicado que se le retiraría el permiso al desfile.

Y ahí está el problema técnico.

Porque el permiso se cancela. La bandera en la ventana del cuarto piso, no. El motor con la bocina de seis cornetas, tampoco. El colmado que pone el altavoz mirando hacia la calle, mucho menos. La doña que saca la silla plástica a la acera no solicitó permiso en 1987 y no piensa empezar ahora.

Se puede cancelar una parada. Lo otro es clima.

Fuera del relajo

Los desórdenes alrededor de estas celebraciones sí tienen consecuencias reales, y conviene decirlo sin chiste de por medio.

Miles de familias, organizaciones comunitarias, artistas, comerciantes y voluntarios participan pacíficamente, invierten meses de trabajo y llevan a sus hijos a ver algo que se parece a ellos ocupando una avenida principal. Pero cuando unos cuantos convierten la calle en un reperpero, esas son las imágenes que terminan representándonos a todos, y son las que sobreviven en la memoria institucional de una ciudad que ya de por sí nos confunde de condado.

El castigo colectivo es injusto. También es lo que ocurre cuando nadie se toma el trabajo de distinguirnos.

La petición

Así que si Nueva York algún día decide repartir castigos por lote, tenemos una sola solicitud, formulada con el mayor respeto institucional:

Averigüen primero cuál desfile fue.

Miren un mapa. Pregúntenle a alguien. Bajen del tren en la 149 y en la 42 y noten la diferencia.

Porque si nos van a castigar, que sea por el teteo correcto.

Nota: Este artículo es una sátira. Nueva York no ha anunciado una prohibición de tres años del Desfile Nacional Dominicano ni de La Gran Parada Dominicana del Bronx. La premisa de la prohibición es ficticia y se utiliza para comentar humorísticamente sobre la controversia alrededor de los eventos dominicanos de este verano.