Santo Domingo. En una vuelta que parece escrita por un guionista de Netflix con deudas en el colmado, Wilkin García Peguero, mejor conocido como «Mantequilla», vuelve a ser noticia. Esta vez no por prometer multiplicar pesos como si tuviera una calculadora bendecida, sino porque la Policía Nacional informó que lo busca activamente por una orden de arresto emitida en Monte Plata.
Según las autoridades, Mantequilla es investigado por la presunta comisión de varios delitos serios: asociación de malhechores, tentativa de homicidio agravado, golpes y heridas voluntarias, y estafa, en perjuicio de Yeison Mata Albuey. O sea, ya esto no es el cuento aquel de «dame mil y te devuelvo tres mil». Ahora el expediente parece más largo que una fila para renovar la licencia.
La Policía pidió al requerido que se entregue «por la vía que estime pertinente». Traducción al dominicano básico: por la puerta de alante, por la de atrás, en motoconcho, en guagua pública, con abogado, con pastor, con tía llorando o con un primo diciendo «él no es malo, él lo que está confundido». Pero que se entregue.
Lo irónico del caso es que Mantequilla, quien en su momento se hizo famoso por supuestamente convertir inversiones pequeñas en ganancias milagrosas, ahora parece haber aplicado la multiplicación a sus problemas judiciales. Antes se hablaba de rendimiento. Ahora se habla de orden de arresto. Antes había gente haciendo fila para darle dinero. Ahora hay autoridades esperando información para dar con su paradero.
En la República Dominicana, donde cada temporada aparece un personaje que promete resolver la vida económica de medio pueblo sin explicar nunca de dónde sale el dinero, el caso de Mantequilla fue una especie de telenovela financiera con sazón de campo, redes sociales y desesperación nacional. Muchos lo vieron como genio. Otros como milagro. Otros, más fríos, como una alarma caminando con gorra.
Y como suele pasar, cuando el «negocio» suena demasiado bueno para ser verdad, casi siempre termina siendo exactamente eso: demasiado bueno para ser verdad. La diferencia es que esta vez la historia no se quedó en memes, entrevistas virales y promesas de riqueza instantánea. Ahora entra en terreno judicial mucho más delicado.
La institución del orden también solicitó a la ciudadanía ofrecer cualquier información que ayude a localizarlo, a través de DICRIM o la dependencia policial más cercana. En buen dominicano: si usted lo vio comprando yaniqueque, escondido en una finca, montado en una pasola o explicando otro «método financiero» en voz baja, no lo suba primero a TikTok. Llame a las autoridades.
Por ahora, Mantequilla sigue prófugo. Y el país, que nunca pierde la capacidad de convertir la tragedia en coro, ya tiene otra pregunta para el archivo nacional del disparate: ¿cómo fue que un hombre que prometía multiplicar el dinero terminó multiplicando los cargos?
La justicia dirá. Pero por si acaso, que nadie vuelva a invertir los chelitos de la renta en un «milagro» que solo funciona mientras el milagroso está localizable.