Por ESENDOM
4 de marzo de 2026
Crónica satírica de un 27 de febrero donde el PowerPoint también pidió la palabra. La patria se fundó con trabucazo, pero en 2026 se sostiene con «Meta RD 2036» y métricas de crecimiento.
Si no te convence la economía, te convencen con NASA vibes: NVIDIA, Google, cables submarinos y un puerto espacial con signo de exclamación.
Pedernales ya no es solo Bahía de las Águilas: ahora también es «economía espacial».
Y por si acaso dudas: aquí se rinde cuentas con números, aplausos y la instrucción secreta de siempre: presentar invitados.
Señoras y señores, pueblo dominicano: llegó el día sagrado en que la nación recuerda a Duarte… y también recuerda que los discursos tienen estructura de maratón. La República Dominicana celebra su Independencia y, de paso, se somete al ritual anual de escuchar la palabra «estrategia» hasta que el oído se declare en huelga.
El Presidente abre en modo épico: que si patria, que si dignidad, que si generación. Perfecto. Uno se emociona. Pero rápido entiende que en 2026 la patria no se construye solo con valores: se construye con un plan llamado «Meta RD 2036», que básicamente es un compromiso de llegar a país desarrollado en una generación, duplicando la economía y rompiendo la famosa «trampa del ingreso medio». O sea: independencia, sí… pero con KPI.
Entonces entran los números a tarima, y los números no caminan: desfilan. Que la economía creció, que enero arrancó más rápido, que el año que viene viene más fuerte. En ese momento tú miras al lado y ves a alguien asentir como si entendiera todo. No lo confrontes. En rendición de cuentas se finge comprensión por civismo.
Luego viene el cameo internacional, porque aquí nada se celebra de verdad hasta que lo valide un nombre extranjero con apellido de universidad. Y ahí el discurso se pone su traje de «ranking global»: proyecciones, complejidad económica, dinamismo, exportaciones con valor agregado. En traducción dominicana: “estamos subiendo de liga”.
Después llega el segmento «RD vende, RD atrae»: exportaciones para arriba, inversión extranjera para arriba, y la promesa implícita de que el país es un imán. Todo suena tan bien que uno casi pregunta si el imán también atrae sueldos que alcancen, pero se acuerda de que esto es rendición de cuentas, no sesión de terapia colectiva.
Pero el discurso sabe que las cifras solas no viralizan. Y ahí se abre el multiverso tecnológico: acuerdos con NVIDIA, un Centro de Excelencia en inteligencia artificial, y Google entrando en escena con inversión grande y frase de película: «puerta de entrada digital» del hemisferio. Lo que antes era “tenemos internet” ahora es “somos nodo estratégico”. Es el mismo Wi-Fi, pero con corbata.
Y como todo buen tráiler necesita final explosivo, aparece Pedernales con giro de guion: puerto espacial comercial en Oviedo, inversión millonaria, y la promesa de que antes de mayo de 2028 desde ahí podría salir un satélite o un cohete. En ese instante, Bahía de las Águilas se convierte oficialmente en fondo de pantalla… pero ahora con cohete. El país pasa de turismo a “economía espacial” sin transición, como si la República Dominicana fuera un canal que brinca de merengue típico a dembow en un toque.
Claro, en medio del entusiasmo, también hay contabilidad terrenal: deuda, déficit, recaudación. Porque la República Dominicana puede mirar al espacio… pero la DGII siempre te devuelve a la atmósfera.
La parte más dominicana del guion, sin embargo, no son los cohetes: es el teatro interno del propio acto. Porque la rendición no solo informa: produce escena. Es un informe que quiere ser película, un PowerPoint que aspira a épica, una contabilidad que busca aplauso.
En resumen: 27 de febrero, patria y futuro. Duarte en el prólogo; Google en el capítulo cuatro; Pedernales en la escena postcréditos. Y nosotros, como siempre, en la sala, aplaudiendo y pensando: «ok… ¿y a qué hora aterriza la realidad en mi barrio?»