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Cultura y conciencia

El Nacional se despide del papel y cierra una época del periodismo dominicano

Agua de la fuenteNelson SantanaComment

Por Nelson Santana
31 de julio de 2026

Santo Domingo. El Nacional publicó hoy, viernes, 31 de julio de 2026, su última edición impresa y traslada por completo sus operaciones al terreno digital, una decisión que pone fin a casi seis décadas en papel y cierra un capítulo de la prensa dominicana.

No se trata de la desaparición del medio. El Nacional seguirá informando desde su portal y sus plataformas digitales, pero dejará de circular como el último vespertino que quedaba activo en el país. La noticia, según reportó El Día, del mismo Grupo Corripio al que pertenece El Nacional, marca el final de un modelo que durante décadas tuvo un peso considerable en la vida nacional.

Fundado en 1966 por el periodista Rafael Molina Morillo, quien también dio vida a la revista ¡Ahora!, el diario nació en plena tensión política y social, apenas un año después de la Revolución de Abril y la intervención militar estadounidense de 1965, y en los años posteriores a la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Su primer director fue el poeta y abogado Freddy Gatón Arce, quien orientó la línea editorial hacia el debate público, la defensa de las libertades democráticas y el análisis riguroso de los grandes temas nacionales. Con los años, la dirección pasó por figuras de peso como Mario Álvarez Dugan, Radhamés Gómez Pepín y Bolívar Díaz Gómez. Bajo el liderazgo de Gómez Pepín, el periódico se consolidó con el lema «La voz de todos». El medio se integró además al Grupo de Comunicaciones Corripio, de José Luis Corripio Estrada, y construyó una reputación ligada a la cobertura crítica de los gobiernos y a la defensa de los derechos humanos.

Durante buena parte del siglo XX, ser vespertino era una ventaja. Mientras los matutinos recogían sobre todo lo ocurrido el día anterior, El Nacional alcanzaba a reportar los sucesos de la mañana y llegaba a las calles por la tarde con información más fresca.

Ese modelo empezó a erosionarse en los años ochenta con el auge de la radio y la televisión informativas. Internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales terminaron por borrar la ventaja de publicar unas horas después: hoy las audiencias esperan enterarse mientras los hechos ocurren, a menudo por video, alertas móviles y transmisiones en vivo.

La salida del papel inscribe a El Nacional en una tendencia global. Numerosos diarios han recortado su frecuencia impresa o migrado al formato digital ante el alza de los costos de producción y distribución, la fuga de la publicidad y el cambio en los hábitos de lectura.

Pero la transición abre preguntas de fondo para el periodismo dominicano. El prestigio de una marca histórica no garantiza el éxito digital. El medio tendrá que disputar la atención con portales, redes sociales, creadores de contenido y plataformas que publican las 24 horas, y a la vez preservar su archivo, su memoria institucional y la identidad editorial forjada desde 1966. Para los lectores mayores y las comunidades con acceso digital limitado, la desaparición del ejemplar físico puede significar una pérdida concreta en su manera de relacionarse con las noticias.

La última edición impresa no cierra el periódico, pero sí clausura una costumbre dominicana: esperar el vespertino para saber qué pasó en el día. Su futuro dependerá de si logra convertir casi 60 años de historia y credibilidad en un producto digital a la altura de las nuevas audiencias, sin traicionar el periodismo que sostuvo su nombre.