Por ESENDOM
21 de febrero de 2026
Trump firmó un arancel global temporal del 10% bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, horas después de que la Corte Suprema bloqueara su política arancelaria anterior basada en IEEPA.
La medida entra en vigor el 24 de febrero y tiene vigencia de 150 días, tras los cuales requiere aprobación del Congreso para extenderse.
Estados Unidos absorbe el 53.5% de todas las exportaciones dominicanas — más de US$6,900 millones en 2024 — lo que convierte esta decisión en un asunto de economía doméstica para RD.
Buena noticia confirmada: los textiles y artículos de confección bajo CAFTA-DR quedan exentos del nuevo arancel.
El golpe real cae sobre dispositivos médicos, cigarros, joyería y productos agroindustriales — los renglones de mayor valor exportado hacia ese mercado.
El riesgo más difícil de medir no es el 10%: es la incertidumbre regulatoria que complica contratos, precios y planificación a mediano plazo.
La noticia llegó en pocas horas. El viernes 20 de febrero, la Corte Suprema de Estados Unidos golpeó la política comercial más ambiciosa de Donald Trump: en una decisión de seis a tres que cruzó líneas ideológicas, el tribunal declaró ilegal el uso de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional —conocida como IEEPA— para imponer aranceles de forma unilateral. Era el instrumento que Trump había usado para construir su régimen arancelario más agresivo desde la Gran Depresión.
La respuesta de Trump fue inmediata y desafiante. Esa misma tarde firmó una orden ejecutiva imponiendo un arancel global del 10% bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, una autoridad presidencial que —aunque existe en los libros desde hace décadas— nunca antes había sido invocada para imponer aranceles. La medida entra en vigor el 24 de febrero a las 12:01 a.m. y tiene vigencia de 150 días. Pasado ese plazo, requiere aprobación del Congreso para extenderse.
«Hoy firmaré una orden para imponer un arancel global del 10% bajo la Sección 122, por encima de nuestros aranceles normales ya vigentes», dijo Trump en conferencia de prensa. Mientras anunciaba la medida, atacó a los magistrados que votaron en su contra —incluyendo a dos de sus propios nombramientos— y prometió que seguiría buscando herramientas legales alternas.
¿Qué es la Sección 122 y por qué importa?
La Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 fue diseñada como un mecanismo de emergencia de corto plazo: permite al presidente imponer un recargo de importación de hasta el 15% cuando el país enfrenta déficits graves en la balanza de pagos o una depreciación inminente del dólar. No exige investigaciones previas como otras secciones de la misma ley, lo que la hace más rápida de activar. Pero es la más limitada en el tiempo: 150 días, sin más.
A diferencia de IEEPA —que no ponía techo ni reloj a los aranceles— la Sección 122 es más estrecha. Es, en palabras del juez Brett Kavanaugh en su voto disidente, una de las «herramientas alternas» que la administración tenía disponibles. Trump las está usando todas.
RD y el mapa: cuánto depende del mercado estadounidense
Para entender el peso de esta noticia en República Dominicana, hay que ver los números. En 2024, las exportaciones dominicanas hacia Estados Unidos alcanzaron los US$6,914.5 millones, representando el 53.5% de todas las exportaciones nacionales, según datos de ProDominicana. Un solo mercado absorbe más de la mitad de lo que el país vende al mundo.
Los principales renglones de exportación hacia ese destino son reveladores: instrumentos y aparatos médicos (US$1,318.9 millones), cigarros puros (US$899.5 millones), disyuntores eléctricos (US$813.6 millones), artículos de joyería (US$601.6 millones) y camisetas de algodón (US$326.9 millones). A esos se suman exportaciones agropecuarias como cacao en grano, azúcar de caña, aguacates y ajíes frescos. Además, el 72.6% de todas las exportaciones de zonas francas dominicanas tienen como destino ese mercado.
Y no es solo que se exporta mucho a Estados Unidos: República Dominicana es el segundo mayor exportador del bloque CAFTA-DR hacia ese país, representando el 20.5% del total comerciado bajo ese marco de integración.
Una economía en su mejor momento, justo cuando llega la presión
El contexto importa, y en este caso el contexto es notable. República Dominicana llegó a esta coyuntura arancelaria desde una posición de fortaleza económica poco común en la región.
En 2025, las exportaciones nacionales alcanzaron USD 14,645.2 millones según ProDominicana — un récord histórico y un crecimiento interanual del 13.4%, equivalente a USD 1,731 millones adicionales frente a 2024. Las zonas francas superaron los USD 8,600 millones exportados, el agro rompió su propio techo con más de USD 3,596 millones, y la base exportadora se amplió a 4,429 empresas activas — 632 más que el año anterior. Todo esto en un entorno internacional que la propia directora ejecutiva de ProDominicana, Biviana Riveiro, describió como «complejo, marcado por tensiones geopolíticas y mayores restricciones al comercio».
Detrás de esos números hay una trayectoria más larga. Representantes del Banco Mundial, tras una visita oficial al Palacio Nacional con el presidente Luis Abinader, calificaron como «muy impresionante» la estabilidad macroeconómica y política del país. Marcos Chiliatto, del Directorio del organismo, señaló que República Dominicana ha mantenido crecimiento superior al 5% durante tres décadas consecutivas — un logro alcanzado por muy pocos países en el mundo — acompañado de reducción sostenida de la pobreza, mejora salarial y fortalecimiento de programas sociales como Súperate.
Es precisamente ese historial lo que está en juego ahora. Un arancel del 10% sobre los principales renglones exportadores no destruye esa trayectoria de un golpe, pero sí la pone a prueba. El riesgo no es que RD retroceda de golpe — la base es sólida — sino que la volatilidad arancelaria frene el impulso justo cuando el país estaba demostrando que podía crecer con más empresas, más mercados y más diversificación. En 2025, las exportaciones hacia India crecieron un 135%, hacia Canadá un 308%, y hacia Europa un 18.6%. Esa diversificación geográfica no es solo un logro estadístico: es el mejor escudo que tiene la economía dominicana frente a la incertidumbre que Washington genera hoy.
El alivio real: textiles y confección quedan exentos
Aquí está la buena noticia concreta, y esta vez no hay ambigüedad. La orden ejecutiva firmada por Trump incluye una exención explícita para textiles y artículos de confección que ingresan al mercado estadounidense libres de aranceles bajo el CAFTA-DR. Según la firma de asesoría en comercio internacional GHY, que publicó un análisis detallado de la orden el mismo día de su firma, los productos textiles y de confección de países CAFTA-DR mantienen su acceso libre de arancel bajo el nuevo esquema de la Sección 122.
Eso es relevante para República Dominicana porque las prendas de vestir representan uno de los renglones más importantes de las zonas francas, y porque el país opera dentro de la cadena de co-producción textil hemisférica que une las fábricas dominicanas con telas e insumos de origen estadounidense. Esta exención no es nueva en el espíritu — existe desde que CAFTA-DR entró en vigor para la República Dominicana en 2007 — pero su preservación bajo la nueva arquitectura arancelaria es un dato positivo que no debe perderse en el ruido político.
Lo que sí impacta: instrumentos médicos, cigarros, joyería
Donde el golpe sí cae con fuerza es en los sectores no exentos. Los dispositivos médicos — el mayor renglón de exportación dominicana hacia EE. UU., con casi US$1,320 millones en 2024 — no cuentan con la misma protección que los textiles. Lo mismo aplica para los cigarros puros, los componentes eléctricos, la joyería y los productos agroindustriales. Para estos sectores, el 10% adicional puede traducirse en márgenes más ajustados, presión para renegociar precios con compradores estadounidenses, o el riesgo de que esos compradores evalúen alternativas de menor costo.
El Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (CREES) lo ha dicho sin rodeos: para mantener la competitividad bajo este nuevo esquema, República Dominicana necesitaría reducir sus costos de producción al menos en un 10%, a través de reformas estructurales que incluyan una transformación tributaria y una reducción de los costos laborales no salariales.
La incertidumbre: el costo que no aparece en los titulares
Más allá de los sectores específicos, hay un costo que no tiene renglón en ninguna tabla arancelaria: la volatilidad regulatoria. Hoy la herramienta es la Sección 122; mañana puede ser una investigación bajo la Sección 301, que permite imponer aranceles por prácticas comerciales desleales, aunque con un proceso más largo. La administración Trump ya anunció que iniciará «varias» investigaciones bajo esa sección.
Para un exportador dominicano que negocia contratos a seis o doce meses con clientes en Estados Unidos, esa inestabilidad complica la planificación más que cualquier tarifa específica. ¿Cómo se fija un precio cuando la regla puede cambiar de una semana a otra?
La ventana de oportunidad
Un esquema arancelario amplio y temporal también obliga a muchas empresas norteamericanas a revisar sus cadenas de suministro. En ese reajuste, República Dominicana tiene cartas que jugar: proximidad geográfica a los puertos del este de Estados Unidos, una experiencia exportadora de décadas, infraestructura de zonas francas consolidada y el marco jurídico del CAFTA-DR como plataforma de integración. Si Washington impone aranceles generalizados a proveedores asiáticos mientras mantiene exenciones para socios hemisféricos, el país puede convertirse en una alternativa más atractiva para empresas que quieran acortar sus cadenas de suministro.
Eso, sin embargo, exige acción y no solo espera: inteligencia comercial activa desde ProDominicana, diversificación real hacia mercados europeos y latinoamericanos para reducir la dependencia del mercado norteamericano, y una negociación fina y directa con clientes en EE. UU. que busquen certeza.
Lo que hay que retener
El 10% bajo la Sección 122 no es el armagedón comercial que algunos titulares sugieren, pero tampoco es ruido de fondo. Para República Dominicana, el cuadro completo es el siguiente: el sector textil mantiene su acceso libre de aranceles; los sectores de mayor valor exportado — dispositivos médicos, cigarros, joyería — enfrentan presión real; y el entorno en su conjunto es más incierto que hace seis meses.
Pero hay algo que Trump no puede arancelar: tres décadas de crecimiento sostenido, una base exportadora que se amplía cada año y una economía que el propio Banco Mundial califica como un caso de estudio regional. Esa es la plataforma desde la que República Dominicana enfrenta este momento. El 10% es un obstáculo. No es el fin del camino.
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