Por ESENDOM
29 de abril de 2026
Este lunes el pasillo del Palacio de Justicia en Ciudad Nueva se convirtió en un teatro y fue el escenario de un obra de marionetas y el títere principal respondía al nombre Jhossan Capell. El telón abrió con la llegada de los angelitos caidos de los hermanos Espalliat, Antonio y Maribel, escoltados por una armada de policias y seguridad personal como si fueran el principe y princesa del reino de Azária. (Azária, reino prestigioso de los azarosos ricachones que se creen no tienen fecha de expiración ni tienen que responder antes las leyes por ser especiales.) De ese séquito de seguridad personal, algunos salieron abuchados por los presentes en la sala de la corte cuando los obligaron a desalojar por estar armados, a pesar de que cualquier dominicano sabe que a una corte no se entra con armas. Pero igual que sus dueños, los escoltas creen que las reglas y leyes no les aplican y pensaron que podían salirse con las suyas en el modo de Azária, «atento a mí». Pero les salió el tiro por la culata.
Simultáneamente, en el pasillo, el señor José Luis Custodio Peña, que estaba en representación de cuatro de sus parientes fallecidos, fue interumpido en pleno desahogo —mientras le gritaba «ratas» a los hermanos Espaillat— por el títere de Capell.
La marioneta de los angelitos caidos, Jhossan Capell, se vistió de pastor y de capo a la vez. Comenzó alabando a sus amos diciendo que cargan una divinidad encima por haber sobrevivido la tragedia y que la República Dominicana les debe mucho a ellos. Lo último, delirio fabril del enamoramiento que le tiene a sus patrones. Hizo su mejor impresión de Alex Jones al tildar a los familiares de los fallecidos y víctimas de ser unos «atrapa cheles», aunque la pregunta que queda flotando en el aire es otra: ¿cuantos cheles le pagaron a él sus amos para servir de Blasillo* en el pasillo del Palacio de Justicia?
Don José Luis Custodio, al ver la payasada del títere, retomó su desahogo y volvió a gritarles «¡Ratas!» a los ángeles caídos. Capell, creyédose un capo como alusión a su apellido, se voltió hacía el señor Custodio y le dió un galletón que lo dejó marcado además de aturdido. Acto seguido, como buen agitador que ya cumplió con su papel de marioneta, se esfumó por arte de magia: el señor Custodio declaró que lo buscó por todo el Palacio de Justicia cuando volvió en sí, y del titiritero no quedaba ni el hilo.
La actuación no terninó ahí. Capell salió a hacer su videíto de disculpa como esta de moda en el país que los delincuentes piden perdón por un vídeo después de ser apresados o entregarse. Pero le duro poco la fe de no habría consecuencias por agredir al señor Custodio, porque antes de que saliera del Palacio de Justicia, el señor Custodio y su abogado ya habían puesto la querella.
Al parecer Jhossan Capell prefiere coger cárcel por sus amos, los «santos» hermanos Espaillat, en lo que será su mejor papel protagónico: LAMBÓN MAYOR.