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Cultura y conciencia

Semana Santa, patrocinada por bocinas, romo y operativo oficial (sátira)

Sátira, HumorNelson SantanaComment

Por Panocho Pechocho
2 de abril de 2026

En la República Dominicana, la Semana Santa ya no muere ni resucita: ahora se administra. Se regula. Se calendariza. Se monta en operativo. Se mueve en autobús con horario especial. Se vigila con drones morales y boletines institucionales. Y, entre Jueves Santo y Domingo de Resurrección, el país entero hace su gran acto de fe contemporánea: creer que una neverita, una bocina Bluetooth y una funda de hielo bastan para alcanzar la salvación.

La llamada Semana Mayor, que alguna vez invitó al recogimiento, a la pausa y a la contemplación, hoy compite con el Spring Break sin complejos. Ya no se medita sobre el sacrificio, sino sobre cuál playa está menos llena, qué colmado todavía fía y cuántas cajas de cerveza caben en el baúl. Cristo carga la cruz; nosotros, la bocina.

Por eso el Gobierno, que entiende perfectamente al país que gobierna, no ha preparado una jornada de oración, sino un dispositivo de contención nacional. La OMSA, por ejemplo, anunció horario especial del jueves 2 al domingo 5 de abril de 2026, como si dijera: “sabemos que el pueblo no va para el vía crucis; va para donde haya coro, pero que por lo menos llegue y vuelva”. El transporte público se ajusta no al espíritu de Jerusalén, sino al itinerario del asueto.

A la vez, el operativo «Conciencia por la Vida Semana Santa 2026» despliega policías, militares, autobuses, advertencias y llamados a la prudencia, porque en este país la reflexión espiritual hace tiempo fue sustituida por la administración del caos. No se trata ya de evitar el pecado, sino de evitar el tapón, el accidente y el titular de prensa del lunes.

Y como toda fiesta nacional tiene su lado más oscuro, el Ministerio de la Mujer ha tenido que activar un operativo integral para prevenir la violencia contra las mujeres durante estos días santos. Más de 355,000 materiales informativos, campañas digitales, presencia territorial, orientación en peajes, balnearios y terminales, además del 9-1-1 y la línea *212 listos para emergencias. Es decir: mientras medio país se vende la fantasía de “descanso familiar”, el Estado tiene que recordarle a muchos hombres que emborracharse no les da licencia para maltratar, controlar o agredir.

Esa es la tragedia envuelta en la ironía: la Semana Santa dominicana se ha vuelto una mezcla de turismo interno, desorden administrado y violencia previsible, todo decorado con lenguaje de tradición. Decimos que es una semana sagrada, pero el propio aparato estatal se ve obligado a tratarla como una temporada de alto riesgo.

Tal vez la verdadera pasión de esta Semana Santa no esté en los templos, sino en la contradicción nacional: un país que todavía pronuncia el nombre de Dios con solemnidad, mientras convierte sus días más santos en un carnaval con operativo, horario especial y línea de emergencia.