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NY: fallecimiento de repartidor dominicano renueva exigencias de protección para «deliveristas» en Nueva York

Notis, NoticiasNelson SantanaComment

Foto: Darlyn Zacarías.

Por ESENDOM
1 de abril de 2026

  • El atropello mortal del dominicano Darlyn Zacarías, de 28 años, ha generado indignación en la comunidad de repartidores por aplicación en Nueva York.

  • Allegados, compañeros de trabajo y organizaciones activistas celebraron una vigilia en Harlem y demandaron acciones más firmes contra conductores con historial de infracciones reiteradas.

  • El suceso ha impulsado de nuevo el proyecto de ley «Stop Super Speeders», orientado a exigir la instalación de limitadores de velocidad en vehículos de infractores habituales.

  • Para la comunidad dominicana, el hecho pone otra vez en evidencia la vulnerabilidad de muchos inmigrantes que dependen de trabajos en la economía de plataformas.

El atropello mortal de Darlyn Zacarías, un repartidor dominicano de 28 años, ha conmocionado a la comunidad de «deliveristas» en Nueva York y ha reactivado la discusión pública sobre la seguridad de quienes se sustentan pedaleando por las calles de la ciudad.

Zacarías perdió la vida el 19 de marzo en un choque múltiple ocurrido en la intersección de West 125th Street y Frederick Douglass Boulevard, en Harlem, frente al célebre Apollo Theater. De acuerdo con la policía y medios locales, una camioneta Hyundai Tucson conducida a gran velocidad por Kevin Crosby, de 49 años —quien acumulaba 19 arrestos previos por infracciones de tránsito—, embistió varios vehículos y lanzó por los aires a dos repartidores en bicicleta, dejando además cinco personas heridas. Crosby, que presuntamente conducía bajo los efectos de sustancias, fue acusado de homicidio involuntario y de operar un vehículo bajo la influencia de drogas. Un juez ordenó su detención sin fianza y suspendió su licencia de conducir.

La tragedia despertó tanto dolor como protesta. Repartidores, activistas y familiares se congregaron en Harlem portando rosas blancas, velas y fotografías de Zacarías para honrar su memoria y reclamar justicia. En la vigilia se denunció que este no es un incidente aislado, sino uno más en una sucesión de accidentes fatales que golpea a quienes se dedican a entregar comida para aplicaciones en la ciudad.

Según representantes de Los Deliveristas Unidos y el Worker's Justice Project, el reparto por aplicación sigue figurando entre las ocupaciones más riesgosas de Nueva York. Los trabajadores enfrentan calles saturadas, conductores temerarios, la presión constante de cumplir entregas rápidas y condiciones laborales precarias. En ese contexto, la muerte de Zacarías se ha convertido en emblema de una demanda colectiva que lleva años gestándose.

El reclamo central se dirige ahora a Albany. Los activistas exigen la aprobación del proyecto de ley «Stop Super Speeders» (S.4045), que obligaría a los conductores que acumulen 16 o más multas de cámaras de velocidad en un año, o 11 o más puntos en su licencia en 18 meses, a instalar y costear un dispositivo de Asistencia Inteligente de Velocidad (ISA) que impediría que sus vehículos excedan el límite permitido en más de 5 millas por hora. Para los repartidores, el argumento es sencillo: si un conductor tiene un historial extenso de infracciones graves, no debería seguir al volante sin restricciones.

La historia de Zacarías añade una dimensión particularmente dolorosa. Según sus allegados, era un hombre dedicado a su trabajo y a su hijo, quien cumplió diez años al día siguiente de la tragedia. De acuerdo con su compañero de vivienda, Juan Suero, ambos crecieron juntos en República Dominicana y emigraron al Bronx hace aproximadamente cinco años. Los dos trabajaban como repartidores de comida y cumplían jornadas de hasta 13 horas diarias.

Ese contexto resulta significativo. Para la comunidad dominicana en el exterior, esta noticia toca un nervio profundo: miles de dominicanos sostienen a sus familias en Nueva York a través de empleos agotadores, poco visibles y con frecuencia peligrosos. Los «deliveristas» no solo llevan comida de un punto a otro; también cargan con la responsabilidad del alquiler, las remesas, los hijos y las aspiraciones de una vida mejor.

El fallecimiento de Zacarías trasciende la tragedia familiar. Constituye un recordatorio crudo de lo que cuesta sobrevivir para muchos inmigrantes en esta ciudad. Y para sus compañeros, el mensaje es contundente: el duelo no basta. Ahora buscan transformar su pérdida en presión política para que ningún otro repartidor —dominicano o de cualquier origen— deje de regresar a casa.

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