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Cultura y conciencia

Rafael Devers terminó riendo de último con la firma de Bregman y los Cubs

Deportes, Béisbol, MLBEMMANUEL ESPINALComment

Por Emmanuel Espinal
20 de enero de 2026

Dice un viejo dicho que «el que ríe de último, ríe mejor». El tiempo le dio la razón a Rafael «Carita» Devers sobre la gerencia de los Medias Rojas cuando dijo que no tienen palabra. La firma de Alex Bregman con los Cubs de Chicago el 14 de enero dejó a Boston como el perro de los dos huesos: sin el que tenía en la boca, ni el del reflejo. Así quedó Boston sin ninguno de los dos tercera bases de renombre que en algún momento ostentaban—Devers o Bregman—quedando mal parado con una fanaticada frustrada.

Devers era la cara del equipo, producto de su propia granja y uno de los favoritos de la fanaticada que llenaba el estadio ochenta y una veces por temporada. Pero bajo nuevos dueños y manager general, después de la debacle que fueron los años de Bloom, buscaban cambiar la vibra del grupo que tenía un núcleo joven y optaron por firmar a Bregman, un veterano. Una firma que causaría que el equipo cometiera una de las peores decisiones de su historia, solo detrás del cambio de Babe Ruth a los Yankees.

Con ella llegó el drama de la pasada pre-temporada. A Devers primero le dijeron que no lo iban a mover de tercera base aunque firmaran a Bregman, y por eso él dio el visto bueno. Pero en los entrenamientos, una pregunta de un periodista desencadenó la tormenta. Después del percance le pidieron a Devers que se moviera a jugar primera base, algo que ellos mismos sabían él no tenía hacerlo, basado en por propios comentarios. Luego de un tira y jala quedaron en que sería el bateador designado a tiempo completo. Pero ese arreglo duró poco: cuando se lesionó Triston Casas, volvió el pataleo de que jugara primera base, todo mientras el Chief Baseball Officer (CBO) de Boston, Craig Breslow, soplaba los vientos de la difamación que la gerencia pintaba en su contra.

Finalmente, en junio ambas partes estaban tan distanciadas que lo único que tocaba era un divorcio. En cuestión de días, Breslow consiguió un acuerdo con su homólogo de San Francisco y el 15 de junio cambiaron a Devers a los Gigantes por Kyle Harrison, Jordan Hicks, James Tibbs III, José Bello y compensación monetaria. En buen dominicano, por una chata de lava gallo, un cigarrillo fumado a medias, un chicle mascado y cinco pesos, mientras la fanaticada estaba que si los cortaban no botaban sangre. Devers era la cara del equipo y el motor ofensivo, le habían dado una extensión de contrato de 10 años por $313.5 millones y era el último jugador que quedaba del equipo campeón del 2018. Pero eso no fue suficiente para los nuevos dueños. Devers se encontró en un avión rumbo a San Francisco donde terminó el año con una línea ofensiva de .252 AVG, 35 HR, 109 RBI, 99 R y 112 BB, callando bocas.

Un parentesis breve como reflexión de Breslow

Se dice que nadie tiene verdades absolutas, pero eso no quiere decir que no existen. Aunque no parezca una pero la verdad absoluta es que el corto tiempo de Craig Breslow como Official de Béisbol en Jefe de los Medias Rojas ha sido pésímo. Su educación Ivy League no lo ha salvado de hacer terrible decisiones. Cuando hizo el cambio de Devers pudimos haber dicho que el tiempo diría si salió positivo el cambio, pero el tiempo está invicto y nos ha demostrado que no: se quedó sin Devers ni su reemplazo en Bregman.

A Carita le tocó reír de último

Al final, la gerencia de los Medias Rojas (Henry, Breslow y Cora) hizo todo para difamar a Devers como jugador problemático, algo que él logró disipar al jugar primera base para los Gigantes. Pero lo que acabó de cementar la sonrisa de Devers fue la firma de Bregman con los Cubs el 14 de enero de 2026. Ese fue el día que Breslow se dio cuenta que puso un huevo de avestruz al quedarse sin ningún tercera base, con un majarete en las manos y Devers riéndose a carcajadas.