Rob Manfred elogió el «respaldo firme» del presidente Luis Abinader a los proyectos de MLB en el país.
MLB ve viable un nuevo estadio que facilitaría traer juegos de temporada regular y hasta etapas del Clásico Mundial (WBC) a suelo dominicano.
Manfred destacó avances en la eliminación de trabas legales que, según dijo, complicaban operaciones vinculadas a Grandes Ligas en RD.
El ministro Kelvin Cruz afirmó que el reconocimiento confirma que RD es potencia beisbolera con apoyo del Gobierno.
Santo Domingo. En la antesala del partido de fogueo entre el equipo dominicano y los Tigres de Detroit en el Estadio Quisqueya Juan Marichal, el comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, puso el foco en algo que en República Dominicana suele ser tan determinante como el talento: la política pública que facilita —o frena— el negocio del béisbol.
Manfred aseguró que durante los casi seis años de gestión del presidente Luis Abinader ha encontrado un aliado constante para que las iniciativas de MLB avancen en el país. En palabras del comisionado, la disposición del mandatario ha sido clave para que «todo lo que hacemos aquí sea exitoso», un respaldo que en la práctica se traduce en permisos, coordinación interinstitucional y condiciones para operar sin fricciones.
El mensaje llega en un momento donde el béisbol dominicano vive una postal poco común: figuras de Grandes Ligas jugando en casa, con el país literalmente pendiente del terreno. Más allá del espectáculo, ese tipo de evento alimenta una conversación estratégica: ¿puede RD convertirse en sede regular de partidos oficiales de MLB y del WBC? Manfred cree que sí, pero con una condición central: infraestructura.
Uno de los puntos que más subrayó fue la expectativa de que se construya un nuevo estadio, una obra que —según explicó— haría «mucho más fácil» traer juegos de temporada regular y hasta rondas del Clásico Mundial a República Dominicana. Manfred señaló que en ediciones anteriores ha habido localidades interesadas en ser sede del WBC, pero que el modelo tiene que funcionar económicamente, y para eso se necesita un parque más grande que el Quisqueya actual. En el contexto dominicano, esa aspiración no es solo deportiva: significa turismo, consumo local, empleos temporales, proyección internacional y, sobre todo, una señal de que el país quiere subir de categoría como plaza beisbolera global, no solo como fábrica de peloteros.
Manfred también resaltó lo que definió como un avance menos visible para el fanático pero crucial para la industria: el liderazgo del presidente en eliminar o suspender obstáculos legales que antes complicaban operaciones vinculadas a MLB. En su lectura, ese acompañamiento desde el Poder Ejecutivo ha permitido modernizar procesos y fortalecer una relación que, históricamente, ha sido intensa: RD pone el talento; MLB pone el mercado.
Desde el Gobierno, el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, recogió el guante y agradeció el reconocimiento, asegurando que confirma que el país es una potencia en béisbol y que el deporte cuenta con «apoyo incondicional» del Estado. El subtexto es claro: en tiempos donde la inversión pública se discute por prioridades, el béisbol sigue siendo uno de los pocos temas capaces de generar consenso nacional.
La gran pregunta ahora es si el impulso se quedará en declaraciones o si se traducirá en un proyecto con cronograma, financiamiento y diseño institucional. Para un país donde el béisbol funciona como identidad, economía y orgullo, un estadio nuevo para juegos oficiales no sería un lujo: sería una apuesta de país.
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