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Politólogo Daniel Pou recibe premio Goebbels reglón manipulación mediática

Por Cimarrona
22 de octubre de 2018

  • El politólogo lleva una vida dedicado a la mentira

  • Se considera un discípulo de Joseph Goebbels, Russian Today y las agencias de prensa norteamericanas

  • Cuando no está haciendo propaganda para el danilismo, le hace propaganda al leonismo

  • De chico, le gustaba jugar al escondido, roba la gallina y a las cartas

  • El politodolo es un aficionado al cine. Su película favorita es The Master of Disguise

  • Piensa que a Danilo y al PLD le quedan cien años en el poder

  • Cita a El lobo estepario como su libro de cabecera después de la biblia, la cartilla dominicana y El Príncipe de Maquiavelo

Con tantas campañas sucias y de difusión de mentiras al hombro nunca se imaginaba recibir un galardón a su edad. Aun así, dice que se lo merece. «Ese premio es mío y nadie me lo quita», ha dicho Pou a través de un alto parlante en las afueras de la Guarida de los Gatos, esquina Bocinita Alegre.

Daniel Pou nos recibe con una tacita de café y galletitas gluten free. Nos ofrece vino, una botella de agua y bombones. Es un tipo afable, muy pero muy cordial. Sabe inglés, francés, afrikáans, alemán, mandarín y un poco de esperanto. El hombre está bien preparadito; estudió es una de esas universidades norteamericanas—el nombre no importa—donde dictadores del ayer alguna vez pusieron un pie y hoy en día, los hijos e hijas de papi y mami estudian.

Le preguntamos cómo se siente después de recibir el Goebbels por su labor propagandística a favor de la politiquería criolla. Pues bien dice. «Muy contento, ahora tengo legado», agrega el poli- todopoderoso. «Es tan difícil decir la verdad estos días. Lo fácil es mentir».

«Aquí cualquiera se cree una bola», nos cuenta el destacado politólogo. «Primero fabricas una bola, le das forma y ¡pum! tienes una noticia la cual luego insertas en la prensa». La noticia luego se convierte en avalancha. El proceso parece complicado, pero nos explica que es muy simple mientras se tenga plata en mano y los «discípulos de Bosch» sigan en el poder.